Y, de pronto, en España se produjo la 'revolución Zeta'

Y, de pronto, en España se produjo la 'revolución Zeta'

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MADRID 7 Jun.

Quizá ni nos hayamos dado cuenta, pero, de pronto, y no sólo, pero sí principalmente, por la visita papal, los fuegos no tan artificiales de la juventud han estallado en España. La 'revolución de la generación zeta' es en parte religiosa, en parte derechista ('ma non troppo'), en parte alegre, en parte perpleja. Pero ahora sabemos que hay un 'movimiento no indignado', pero muy de fondo, en el que el protagonismo se centra en los hombres y mujeres que regirán El País, y el mundo, dentro de poco más de una década. Y a los que hasta hoy mismo les hemos venido negando el pan y la sal.

Perdón por mi atrevimiento al señalarlo, pero tengo la impresión de que las hijas del Rey, la princesa Leonor y la infanta Sofía, tendrían, además de su presencia por la mañana del sábado en el Palacio Real, que haber acudido, sin mayores protagonismos, como dos más, a la concentración vespertina en la plaza de Lima, donde medio millón de jóvenes, también muchos de ellos representantes de la inmigración, se reunieron en un acto con alta significación política, social y, si se quiere, también, pero no en primer lugar, religiosa. España es aconfesional, sí, pero el acto con Prevost/León XIV, era ecuménico, con mucha presencia inmigrante y recordando las referencias de horas antes del Pontífice a la España del Islam. Unas referencias, como otras que hizo el Papa, que para nada eran gratuitas.

La España que acudió a la recepción en el Palacio de Oriente, que yo he llamado 'la España de los quinientos', era la oficialidad, la que representa de alguna manera esto que tenemos, califíquelo usted mismo. La de la Plaza de Lima -acertada ubicación y denominación- era muy otra: la futura Leonor I y su hermana, únicas asistentes de la 'generación Zeta' en la recepción al Papa en el palacio real, están más cerca de lo de Lima que de lo de Oriente, y así habría de oficializarse. Porque ya digo que 'lo del Papa', quiérase o no, va mucho más allá de lo evangélico, de lo exclusivamente católico, de si conviene o no a los intereses del Gobierno, aunque actitudes hubiera que quizá trataban de sugerir otra cosa.

Pero a lo que iba: que, de pronto, los rostros jóvenes se cuelan como relevo por todas partes; desde ese movimiento inédito en el PSOE, 'reactívate', hasta en la competición por el control del Real Madrid, que esa es otra. Y vamos a honrar a jóvenes que apenas han alcanzado la mayoría de edad durante todos los mundiales de fútbol, por poner otro ejemplo de los Yamales que, lo merezcan más o menos, irrumpen en la nómina de los flamantes adorados, desplazando a los viejos ídolos.

Ignoro, claro, cuál será el mensaje del Sumo Pontífice este lunes en el Congreso de los Diputados. Claro que ignoro también lo que va a decir Pedro Sánchez, que tiene una oportunidad de ofrecer una versión regeneracionista a esa juventud por una vez atenta a lo que se dice en los salones oficiales; temo que muy posiblemente el hombre más poderoso de España desaproveche la ocasión.

Pero lo que sí sé es que los mensajes que Prevost ha lanzado hasta ahora en su visita a nuestro país han llegado de pleno a sus jóvenes 'fans', claro, pero también a los que no lo eran tanto, y testimonios cercanos y familiares tengo para pensarlo.

Pretendiéndolo o quizá no tanto, Prevost se ha convertido en un líder mundial, referente de otra manera de entender el presente y el futuro; una manera muy distinta, permítame resumirlo así, de la que representa el 'trumpismo' todavía imperante, pero tan decadente, tan viejuno.

¿Entienden quienes dirigen nuestras vidas lo que esta irrupción joven representa? Una ruptura con el pasado que aún embarra las portadas; quizá incluso un brote, ay, de edadismo; una mirada hacia el otro lado, el del relevo, para lo bueno y para lo malo. Y todo eso, que estaba ahí, ha estallado con la visita de un Papa que quizá no se sienta rupturista (yo sería incapaz de calibrarlo), pero que, con todo, evidencia una cierta ruptura.

Pienso que debemos estar, por supuesto, muy pendientes de los discursos de este lunes en la Cámara Baja. Del de Prevost y del de Sánchez, cuyo gesto angustiado sabe que los viejos dinosaurios siguen ahí, esperando a que el Pontífice se marche, para calibrar hasta qué punto somos conscientes de que hemos irrumpido en una nueva era. Que, por cierto, guste o no al 'establishment', no tiene retorno.


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