La política española está hoy dominada por los extremos. Lo que salga de las elecciones será previsiblemente un frente de izquierda-izquierda versus otro de derecha-derecha, una batalla en parte dominada por los más "duros" en sus planteamientos. Por primera vez desde el inicio de la Transición, no concurre a las elecciones una formación sólida de centro capaz, al menos en teoría, de plantear pactos de centro-derecha o de centro-izquierda que moderasen el iracundo mapa político de nuestro país.
Escribo esto porque también es la primera vez, creo, que, faltando poco más de un mes para la jornada electoral, el mapa partidario no está cerrado. Ahí están los balbuceantes intentos de consolidación de una izquierda-a-la-izquierda del PSOE y la presentación, excesivamente tardía a mi entender, de una nueva formación, Democracia 21, que tiene un vago carácter centrista y se presenta como heredera remota de la malhadada Ciudadanos.
El centro político, que siempre ha aparecido muy beneficiado en las preferencias de los electores según las encuestas, ha tenido mala suerte y peor gestión: la Unión de Centro Democrático fue un producto de aluvión, surgido de la necesidad de crear "algo" para gobernar el país más allá de los recuerdos del franquismo, de la Guerra Civil y de los excesos de la izquierda. Posteriores intentos, desde la "operación reformista" y la UPyD de Rosa Díez hasta Ciudadanos, tuvieron una buena gestión inicial y un desarrollo por completo erróneo. Ahora, la formación D21, que se lanza al mercado político este sábado, dice haber aprendido de las equivocaciones anteriores. Veremos si tiene tiempo para demostrarlo.
Es el caso que la confrontación electoral y el propio desarrollo de este período anterior a la marcha a las urnas se presentan aún con enormes incógnitas y procesos inacabados, que no afectan solamente a la unidad "de las derechas" y al centro, sino también, fundamentalmente, a la izquierda.
Hace poco más de tres años nacía Sumar, y su cabeza visible, Yolanda Díaz, se presentaba como la segura sucesora de Pedro Sánchez en la presidencia del Gobierno. Hoy, todo ese espacio, que acapara nada menos que un 23 por ciento de las simpatías del electorado, trata de reorganizarse a toda prisa, acercando a Podemos con lo que era Sumar (hoy, Frente Amplio), buscando desesperadamente un líder o lideresa (la catalana Ada Colau, en curiosa pirueta, se puede convertir en la cabeza de Más Madrid) y un programa propio dentro de lo que el constante desplazamiento a la izquierda del PSOE "sanchista" le permite. Difíciles tareas las tres, pero a la fuerza ahorcan, así que...
Creo que, por muchos motivos, nos hallamos ante la precampaña y campaña que pueden resultar más inéditas en todos los años transcurridos en democracia. Porque la legislatura, por tantas razones, ha sido inédita (lo cual no quiere decir ni mucho menos positiva); porque tenemos una clase política inédita y vivimos en un mundo cada día más inédito, dominado por locos, asesinos y genocidas.
Hay que encontrar, en este marasmo, un nuevo lenguaje centrado (lo cual no quiere decir necesariamente centrista) y aquí serían necesarias nuevas voces moderadas, en la izquierda y en la derecha, que introduzcan un poco de sentido común a la dialéctica política endiablada en la que nos hallamos. Bienvenidas sean, pues, las figuras emergentes de Miriam González, de D21, o de Ada Colau, de como acabe llamándose el Frente Amplio, o de Gabriel Rufián, si es que consigue racionalizar las voces independentistas en Esquerra, o de Iván Espinosa de los Monteros, si es que finalmente da algún paso que pueda traducirse en una presencia electoral.
Son gentes relativamente nuevas -todas tienen su trayectoria, pero ninguna en estas circunstancias, ya digo que inéditas-, que pueden aportar un análisis menos frentista de la situación que quienes ya están instalados y apenas se hablan porque, simplemente, se odian. Y es que, ya que hablamos de cosas inéditas, me parece que nuestro futuro Parlamento, hoy tan alicaído, necesita voces, si no todavía de relevo de las que existen, sí para ofrecer a la ciudadanía mensajes frescos, que no nos aburran ni nos crispen tanto.
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