Cualquier palabra acerca del espectáculo de sumisión al líder que protagonizaron la mayoría de los asistentes al último Comité Federal del PSOE sería una palabra que desbordaría lo patético.
Dejábamos atrás la semana en la que se había conocido la sentencia del Tribunal Supremo condenando a 24 años de prisión a José Luis Ábalos, ex ministro de Fomento y ex secretario de Organización del PSOE. Condenado por el Alto Tribunal como vértice -según la sentencia- de una organización criminal y por toda referencia a un hecho tan infamante la reacción de Pedro Sánchez -Presidente del Gobierno del que formó parte Ábalos- fue instar a sus compañeros "a limpiar lo que haya que limpiar". Fríamente, con distanciamiento, sin asumir responsabilidad política alguna, como si Ábalos fuera un extraterrestre ajeno al Partido Socialista.
Viven o aparentan vivir en una burbuja alejada del devenir del país. Solo así se explica que otro de los intervinientes en el sanedrín socialista, el presidente de la Generalidad de Cataluña, Salvador Illa, hablara para decir que "se sentía orgulloso de ser socialista, la cara bien alta. Ni nos doblan ni nos callan". ¿Orgullosos?
Con la excepción de la intervención crítica de Emiliano García-Page, el presidente castellanomanchego que a la vista de la precariedad parlamentaria que bloquea la gestión del Gobierno planteó la conveniencia de dar voz a los ciudadanos convocando elecciones, en el resto de las intervenciones de los asistentes reverberaba el eco del famoso discurso sobre la servidumbre voluntaria formulado hace cinco siglos por Étienne de La Boétie.
Callaron sobre los casos de corrupción que nutren la agenda judicial del momento. Y pasaron de puntillas sobre la serie de derrotas sufridas en las cuatro últimas elecciones autonómicas. Asumiendo con entusiasmo la ceguera alguno de los asistentes acudiendo a la terminología futbolística llegó a resumir el resultado del cónclave diciendo que la cosa había sido un "20 a 1", adjudicando el "1" a la intervención de Emiliano García-Page. Navegan a velocidad de crucero hacia comportamientos de secta. Lo inquietante es que el timonel no disimula estar dispuesto a seguir rumbo al margen del Parlamento.
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