El pacto andaluz cierra el ciclo de cuatro autonomías gobernadas por una entente de las dos derechas. Extremadura, Aragón y Castilla y León fueron antes. Pero Andalucía, aunque solo sea por tamaño, obliga a verlo en clave nacional. Es decir, como precursor de un pacto parecido en el Gobierno central tras las elecciones generales de 2027 (seguramente en primavera, antes de las territoriales de mayo).
En la votación del jueves pasado, al segundo intento, el candidato Moreno Bonilla superó sobradamente (68 "síes") la mayoría absoluta gracias a los 15 diputados autonómicos de VOX. Al tiempo conocimos el contenido del pacto firmado horas antes, que ha escandalizado en los ambientes políticos y mediáticos próximos al PSOE de Sánchez.
Entre sus 150 puntos se incluye la entrada en la Junta del líder regional de Vox, Manuel Gavira (será el número dos de la Junta), el reconocimiento de la "prioridad nacional", la negativa de la Junta a recibir más "menas" y el compromiso de bajar los impuestos a los andaluces.
El propio Moreno Bonilla habla del pacto como un mal menor. No era lo deseable, pero impide la repetición de elecciones y garantiza la estabilidad regional durante los próximo cuatro años.
La alternativa hubiera sido volver a las urnas como consecuencia del "no es no" al candidato del PP de los partidos de izquierda sumados a los de Vox (56 votos frente a los 53 del PP), como ya había ocurrido en primera votación.
El desenlace, que mantiene al PP en el poder para un tercer periodo consecutivo, ha provocado un general rasgado de vestiduras en el PSOE, cuya candidata, la exvicepresidenta del Gobierno central, María Jesús Moreno, obtuvo una humillante derrota.
Las críticas del PSOE atacan la imagen de supuesta moderación de Moreno Bonilla y airean el miedo a la entrada de Vox en gobiernos autonómicos. Y uno se pregunta si hay más lógica política y moral en el alineamiento de la derecha con la ultraderecha para gobernar que en el de la izquierda con la ultraderecha para impedirlo, que es lo que ha pasado en Andalucía con el resultado de todos conocido.
En este punto me remito a la condición de partidos de Estado que el PSOE y el PP ostentan desde la centralidad, tanto a escala autonómica como a escala nacional. A ambos, pilar derecho y pilar izquierdo, se les supone obligados a garantizar la estabilidad del sistema.
Por otra parte, si tan convencidos están los socialistas de Sánchez de que la entrada de Vox en las instituciones es letal para la salud de la democracia ("alerta antifascista"), habrían facilitado un gobierno de Moreno Bonilla en minoría, aunque condicionando por la izquierda. Y no por el partido de Abascal, como al final va a ocurrir.
¿No es de puto sentido común?
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