La sentencia de Bismarck

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Aunque hay dudas acerca de su autenticidad- "si non è vero, è ven trovato"- cada día que pasa cobra más sentido esta frase atribuida al canciller alemán Otto Von Bismarck: "España es El País más fuerte del mundo. Lleva siglos queriendo destruirse a sí misma y todavía no lo ha conseguido".

Cuando en el último tercio del siglo XIX el "canciller de hierro" reflexionaba con ironía acerca del pasado y la pulsión autodestructiva de los españoles, a España, en su convulso destino, todavía le faltaba la tragedia de la Guerra Civil de 1936. Y la dictadura del general Franco.

Salimos de aquello a través del proceso de la Transición, un pacto- de renuncias recíprocas- entre derechas e izquierdas que abrió la puerta a una normalización de la vida política y de la convivencia. Pacto que se mantuvo a pesar de la embestida del terrorismo nacionalista vasco ( la ETA), que asesinó a más de ochocientas personas en el intento de hacer fracasar el incipiente proceso hacia la democracia. Con altibajos en orden al tan español fenómeno de la división en dos bandos -la polarización-, pero desde que se aprobó la Constitución en 1978 nuestro país fue entrando en una senda de normalización. Con picos y valles.

El país se dividió a raíz de la política del Gobierno Aznar aliado de Estados Unidos en la invasión de Iraq y posteriormente creció la tensión tras el terrible atentado de cuño islamista del 11 de Marzo de 2004 en el que resultaron asesinadas 193 personas y heridas más de dos mil. Aquel clima desembocó en un cambio de gobierno. José Luis Rodríguez Zapatero, un dirigente socialista de escaso relieve hasta entonces, alcanzó la presidencia del Gobierno y con él cobró cuerpo una estrategia de confrontación sostenida cuya impronta se alarga hasta nuestros días negando legitimidad a la derecha presentada como heredera irredenta del franquismo.

Pedro Sánchez, su sucesor al frente del PSOE y del Ejecutivo, ha mantenido y reforzado esa estrategia defendiendo la conveniencia de levantar un muro -a modo de "cordón sanitario"- para frenar a la derecha. En tiempos de Zapatero era el Partido Popular, ahora con el añadido de VOX, la formación de extrema derecha. El objetivo es impedir la alternancia. Y para conseguirlo formalizan alianzas con los pequeños partidos que se declaran enemigos de la idea misma de España. Ahora están pisando el acelerador de la polarización intentado disimular los casos de corrupción. Presos del pánico ante las derrotas sufridas en los cuatro último comicios autonómicos y la explosiva agenda judicial que les persigue. Vienen tiempos recios de confrontación. Quedémonos con lo bueno de la frase-sentencia de Bismarck.


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