La indeseable hipótesis de un venidero conflicto militar con Marruecos está sumergida en las recurrentes tensiones con el vecino africano. Aparece sólo de soslayo en muchos análisis del conflicto en Ceuta, aunque suavizada por un concepto de nueva creación. Me refiero a los ataques llamados "híbridos".
En uno y otro caso se impone acudir al recurso clásico de la política internacional: "legítima defensa" frente a una "ilegítima" agresión exterior. En otras palabras, hablo del derecho y el deber del país agredido a blindar sus fronteras con todos los medios a su alcance.
Nadie se hará de nuevas si menciono la fantasía existencial de Marruecos sobre el retorno de Ceuta y Melilla al "seno de la patria". De ahí que tantee de vez en cuando a España. La pone a prueba, al modo en que Rusia tantea la firmeza de la UE respecto a países que abandonaron la casa común. Por ver si la fruta está más madura que ayer pero menos que mañana.
Hay una diferencia. Así como EE.UU. envía a Rusia al director de la CIA para disuadir a Putin de semejantes tentaciones expansionistas, no consta que España haya puesto esos deberes a la directora del CNI. Más bien, ay, el Gobierno se ha dedicado a desprestigiar el trabajo de nuestros servicios de inteligencia con un estúpido juego de desclasificación de documentos y absurdas controversias públicas sobre el trabajo de sus agentes porque vieron venir a los invasores, pero no los contaron.
El caso es que, volviendo al asunto de mi columna de hoy, es que estamos ante el punto sensible del problema. El que cursa como una sombra negra en las relaciones de aparente buena vecindad en el discurso de Pedro Sáncheza y su Gobierno (solo de su parte mayoritaria, es verdad). El que nos lleva a imaginar lo que podría ocurrir si Marruecos descubre que ha llegado el momento, que la fruta está madura, una vez verificada la relativa facilidad con la que los saltos de finales de julio por la frontera Ceuta han desestabilizado al Estado español.
Entonces el reciente episodio "migratorio" que roba su espacio vital a los españoles de Ceuta puede quedarse en un juego de niños.
Frente a esa amenaza, frente a esa silenciosa tensión camuflada con el obsequioso discurso de Sánchez respecto al vecino africano, el único principio universal encajable en los marcos legales nacionales e internacionales sería el de la legítima defensa, perfectamente descrito en el artículo 8 de la Constitución Española.
A saber:
"Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional".
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¿Crees que España debería reforzar sus medidas de defensa en Ceuta y Melilla ante las tensiones recurrentes con Marruecos?
¿Qué papel crees que deberían jugar los servicios de inteligencia españoles en la prevención de posibles conflictos con el vecino africano?
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