El legado del viaje del Papa

El legado del viaje del Papa

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La semana del Papa León XIV viajando por España -Madrid, Barcelona y Canarias- deja la sensación de haber sido una visita trascendente más allá de lo que era previsible. En un doble registro: el religioso y el sociológico. En términos de convocatoria es casi seguro que la respuesta haya sorprendido a los organizadores. Misas congregando a más de un millón de personas; estadios de fútbol abarrotados con miles de fieles cantando; recorridos en papamóvil escoltados por multitudes.

En fin, mucha gente manifestando alegría y sin un solo incidente. Un balance cívico extraordinario que será recordado y convertido en elemento de contraste para medir el "tirón" de cualquier personaje que visite nuestro país. La personalidad del Papa, un líder espiritual que transmite serenidad con palabras que invitan a la concordia y a la unidad, ha sido la clave que explica el éxito de su presencia en España. Como jefe del Estado Vaticano y como Papa y líder espiritual de la Iglesia Católica, habló en el Congreso ante las Cortes Generales del respeto a la dignidad de la persona como "criterio vertebral de la política".

Y de la defensa de la vida, alusión directa a la posición de la Iglesia contraria al aborto y a la eutanasia. En Madrid habló del legado histórico de España y nuestra lengua en relación con América. En Barcelona del valor de la unidad: "Construir armonía y comunión más allá de toda polarización". Y en Canarias del drama de la emigración. Conmovido ante la tragedia de las miles de vidas que perecieron en naufragios en el Atlántico y el Mediterráneo -"cementerios sin lápidas"- cuando trataban de llegar a puerto en busca de una vida mejor, una vida digna. El legado del Papa a su paso por España es transversal: para creyentes y no creyentes. Para los católicos, por decirlo coloquialmente: ha sido un chute de energía. Para el resto, el testimonio de quien defiende con serenidad y sin estridencias los principios del humanismo cristiano. Igualdad de las personas por encima de su raza, origen, nacionalidad o posición social. Está claro que la prioridad papal es el respeto a la dignidad de las personas. La dignidad no tiene pasaporte.


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