¿Un año más de Sánchez?

¿Un año más de Sánchez?

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Algunas reseñas sorprendidas comentan que se vio al Rey Felipe VI caminando con normalidad entre los turistas cerca del Palacio Real el jueves pasado por la tarde.

Este leve lance informativo activó la tentación de hacer comparaciones con los accidentados paseos del Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, si por situaciones reglamentadas no tiene otro remedio que cruzarse con españoles de a pie -nunca mejor dicho- al precio de los abucheos que viene sufriendo de un tiempo a esta parte.

Es una pincelada menor del tenebroso cuadro en el que se ha convertido la política nacional. Pero ilustra el minuto y resultado de la contienda que reclama una nueva cita del pueblo soberano con las urnas.

El malestar de la calle solo nos remite a la pérdida de credibilidad de un personaje que bracea por la supervivencia en el poder. El mal es más hondo porque afecta a la calidad y la salud del pedestal que lo sostiene. Detrás de su ambición hay un Gobierno roto sin respaldo parlamentario, un partido desarbolado cuyos dirigentes nacionales y territoriales se limitan a aplaudir los giros de guión del líder y, en fin, esa decena de casos judiciales que acorralan a ese Gobierno, a ese partido, y a las aportaciones al tinglado por parte de la esposa y el hermano del "número uno".

Sin embargo, en la última sesión del control parlamentario al Gobierno, en la que de nuevo Sánchez afrontó las preguntas de Feijóo convirtiendo al interpelante en interpelado, (y al interpelado en interpelante, claro), volvió a clavetear el anuncio de su negativa a adelantar las elecciones generales. "Se celebrarán cuando tocan", dijo (verano de 2027).

El panorama es desolador si se nos condena al crecimiento de los déficits políticos y morales que ya padecemos en grado crónico. Pero será inevitable si Sánchez no asume de una vez por todas que el "somos más" ha cambiado de bando. O si no se materializan las hipótesis aireadas por el aspirante a la Moncloa, Núñez Feijóo.

Algunos analistas hablan de una "bala de plata" (Trapiello dixit). También puede ser que cualquier día despertamos con un teatral "deus ex machina" inesperado. O una creativa lectura de los artículos 29 (derecho de petición) y 102 (responsabilidad penal del presidente del Gobierno por traición) que frene la escalada de la desvergüenza en la vida pública.

Sánchez nos amenaza con un año más. Lo hizo en su habitual cruce parlamentario de los miércoles con el jefe de la oposición, Núñez Feijóo. Un año más de Gobierno desahuciado por el Parlamento y un país inestable en permanente estado de incertidumbre, no por méritos de Sánchez sino porque nacionalistas vascos y catalanes, a quienes la gobernabilidad del Estado les viene bien, han decidido que la alternativa no casa con sus respectivas agendas.


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