MADRID 30 May.
Muchos medios publican ya este fin de semana cuadernillos detallando los mil aspectos de la visita del Papa León XIV a España: ni un detalle queda por escudriñar. Excepto, claro, el contenido de las intervenciones del Sumo Pontífice, que se van a analizar al microscopio. No oculta el Gobierno su esperanza en que estos mensajes papales representen un apoyo, quizá no tan explícito, pero apoyo al fin, a las tesis internacionales de Pedro Sánchez, y también a algunos de sus postulados nacionales, como a la inmigración frente a las tesis 'duras' especialmente esgrimidas por VOX. Pero, claro, la visita de Prevost pasará, y el mes de junio, como el dinosaurio de Monterroso, seguirá ahí, implacable, dispuesto a devorar a un Ejecutivo y a un partido gobernante en horas muy, muy bajas.
Sánchez es un maestro en las 'photo opportunities'. Ya se sueña del brazo del Papa, acogido a sagrado en las calles. Una visita deseable para todos y muy oportuna para Sánchez esta del 'antitrumpista' (al Papa sin duda le disgustaría esta simplificación, pero...) Prevost. El desarrollo de este viaje quizá vaya a ser la última oportunidad en muchos meses en la que las fuerzas políticas actúen al unísono, en lo posible coordinadas, y qué remedio les queda. Las nuevas hostilidades vendrán inmediatamente después, y casi todas se van a concentrar en este mes de junio que, lleno de acontecimientos y de futbol mundial, se nos ha echado encima.
Ahí está, por ejemplo, la comparecencia parlamentaria de Pedro Sánchez, que podría tener lugar en la segunda quincena del mes, dedicada en exclusiva a hablar de la corrupción. Una especie de mini debate sobre el estado de la nación, vamos. Me cuentan que algunos de sus más influyentes asesores recomiendan no seguir con 'más de lo mismo', con el soniquete de 'aguantaremos toda la Legislatura y después ganaremos las elecciones', y dar algunos pasos espectaculares adelante.
Quizá no la convocatoria de elecciones anticipadas -Sánchez, pese a las peticiones de no pocos alcaldes socialistas, huye de ellas como el gato escaldado huye del agua-, pero sí algunas medidas que copen titulares: cambio de algunos ministros, aceptación de someterse a una cuestión de confianza, nuevo tono en el diálogo con los 'socios', medidas populares en el Consejo de Ministros, un lenguaje nuevo para dirigirse a la ciudadanía, más comparecencias 'amables' ante sus muy poco amados medios...En fin, que consta que hay asesores monclovitas influyentes que se horrorizan ante las salidas de 'halcones' como Oscar López u Oscar Puente, y preconizan otros lenguajes y muy distintos enfoques.
La próxima comparecencia de José Luis Rodríguez Zapatero ante el juez es vista, hasta donde hemos podido comprobar, como una auténtica catástrofe. Mucho más que la foto del 'hermanísimo' en el banquillo, o que la de Begoña Gómez entrando en el juzgado del magistrado Peinado. Y cabe sospechar que el viaje de ZP a los juzgados, del que en ningún caso saldrá moralmente indemne aunque sí pueda hacerlo penalmente, no va a ser ni el último ni el único. Ni, claro, las fuerzas de investigación policial ni los jueces se van a quedar quietos tras las descalificaciones lanzadas por algunos ministros, que hasta incluyen sugerencias gratuitas de golpe de Estado contra el Gobierno.
Ignoro quién en la nutrida nómina de asesores monclovitas, que son los que de verdad ejercen el gobierno a falta de un partido que sustente eficazmente al Ejecutivo, está aconsejando, ya digo que minoritariamente, esta línea 'halcón' de defensa ante la debacle. Pero también digo que ni el mismísimo Papa de Roma, ni, por supuesto, las primeras previsibles victorias futbolísticas, van a servir para que el caluroso junio previsto por los meteorólogos sea más templado en los dominios de la política. Yo diría que Pedro Sánchez, este mes, se juega la forma en la que pasará a la Historia, si como al fin y al cabo un poco héroe en según qué cosas, o si como el villano capaz de ir más allá de los límites de cualquier sentido común para mantenerse en el privilegios del poder. Que él escoja: los ciudadanos poco podemos hacer excepto aguardar su veredicto acerca de sí mismo.
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