Es buen momento para irse, presidente

Es buen momento para irse, presidente

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Es el momento ideal para que Pedro Sánchez repita, pero ahora de verdad y con carácter definitivo, aquel portazo en el que se fue cinco días a meditar acerca de, dijo, si merecía o no la pena seguir en el puesto.

Ahora, la respuesta, inequívocamente, es 'no'. No merece la pena. Y hay al menos diez razones, que reproduzco esquemáticamente, para demostrarlo:

El 'caso Begoña Gómez' es casi de libro. No entiendo que la Audiencia Provincial justifique la pretensión del juez Peinado para que la juzgue un jurado, necesariamente contaminado 'ab initio'. Pero un presidente de Gobierno no puede afrontar un escándalo, y lo mismo digo de la sentencia contra su hermano, ante el que, por bastante menos, habrían dimitido otros colegas europeos en Francia, Gran Bretaña, Alemania o Portugal, por citar los casos más sobresalientes.

Comprendo que Sánchez esté dolido ante las cuestiones que afectan a su familia, pero igualmente no comprendo que no haya salido, personalmente, a hablar del macroescándalo que afecta a la Guerdia Civil, cesando, entre otras cosas, al ministro del Interior, y siento decirlo. Como tampoco ha salido a afrontar el lógicamente pestilente asunto de las cloacas del PSOE, por ejemplo iniciado una querella contra Leire Díez. ¿Qué sabe ella que aún no sabemos nosotros? ¿Qué saben Koldo, Abalos, Santos Cerdán, o el 'socio' de Zapatero que pudiera poner en riesgo la estabilidad institucional o al menos la pervivencia gubernamental?

Sí, el Tribunal Europeo ha dado, o casi lo ha hecho, la razón al Gobierno sobre la amnistía, aunque decirlo así sea simplificar demasiado. Pero ello ni aclara la (para mí, deseable) vuelta de Puigdemont ni clarifica cuestiones de fondo como la reforma exprés del Código Penal en asuntos como la sedición o la malversación, que son reformas que habrá que hacer reversibles en su momento. Todo el entramado jurídico del llamado 'sanchismo' está en cuestión y habrá de ser revisado con unos nuevos pactos de La Moncloa... naturalmente cuando la perversa situación política española se aclare. Porque, hoy por hoy, una de las razones fundamentales que aconsejarían un alejamiento de Sánchez de La Moncloa es su animadversión personal al líder de la oposición (y viceversa), lo que impide cualquier idea de pacto o acuerdo en cuestiones sustanciales.

Y Sánchez debe marcharse porque, teniendo a mi juicio razón y razones para ello, ha entrado en una dinámica perversa con el mundo que representan los Estados Unidos, que puede que sea el peor mundo posible, pero es el que es: hay que barajar nuevamente en las relaciones exteriores, también en las europeas. Y en las iberoamericanas, que esa es otra, y bastante gorda, por cierto.

Que el Parlamento no funcione, que la Judicatura sea piedra de escándalo, que los medios, en general, se hayan posicionado, con más o menos justificación, contra él, deberían ser otros tantos elementos para que, en sus meditaciones en La Mareta, el hombre de La Moncloa calibre la conveniencia de alejarse de ella, de iniciar una nueva vida (muchas salidas atractivas son posibles par él).

El Gobierno salido de la moción de censura en junio de 2018 ha hecho bastantes cosas buenas: el país ha cambiado, para mejor en algunas cosas, seguramente para peor en otras, incluyendo en este último capítulo valores como la moral pública y privada, la ética y la estética. Creo que Sánchez aún podría pasar, en términos generales, a las páginas buenas de la Historia, pero esta situación no se va a prolongar mucho más.

El periodista no es quien para dar consejos a los poderes. Sí para analizar las circunstancias sin prejuicios ni partidismos. Desde ese prisma, ya le diría al presidente, "márchese, señor Sánchez; aproveche la euforia del Mundial -que vamos a ganar, claro-, disfrute de su último partido y márchese. Será lo mejor para todos". Ya sé que no lo hará, pero yo creo que cumplo con mi deber escribiendo lo que aquí he escrito.


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