El INE ha confirmado que la economía española se contrajo en el primer trimestre del año un 5,2% como había adelantado. Es importante anotar que el cierre de la actividad se produjo en la segunda mitad de marzo y que los datos que vamos a conocer sobre el segundo trimestre van a ser demoledoras. La AIREF pronosticó hace unos días una caída del PIB del 14% y el Banco de España superior al 20%. También han sido aterradoras las previsiones para 2020 de otros organismos internacionales como el FMI. El Gobierno, a pesar de esta realidad y de los avisos de los empresarios y autónomos, ha decidido extender los ERTE sólo hasta septiembre y seguir cobrando impuestos como si no pasara nada o casi nada. Hay sectores económicos que aún no han levantado la persiana, otros lo han hecho a medias y muchos no lo harán más.
Y el Gobierno no sólo no ha escuchado a los que componen el tejido productivo sino que juega con mandar el perverso mensaje de que va a subir los impuestos o reformar la reforma laboral. La excusa es la de siempre, que España recauda mucho menos que sus socios europeos. Sin embargo, la economía es justo lo último que necesita. Las empresas y los autónomos están funcionando a un ritmo lento, las ventas no levantan cabeza, los costes son altos y los mismos que cuando tenían actividad. Sería, por tanto, una locura subir impuestos, cotizaciones o introducir una mayor rigidez en el mercado laboral.
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