Quiero creer que están sonando remotos tambores de paz en distintos confines, desde Ucrania -veremos cómo sale la reunión Putin-Zelenski-hasta quizá, más difícil todavía, Gaza, pasando por India y Pakistán.
Este año, cuando pague la declaración de la renta, sepa usted que, si son cuatro de familia, 100 euros de sus impuestos se dedicarán a sostener TVE y Radio Nacional de España.
Puede que "La familia de la tele" no sea más rara que cualquier otra familia, pues el listón de la raridad familiar está muy alto, pero lo que sin duda la sitúa en un punto elevadísimo de rareza es que no parece gustarle a nadie, ni a algunas de las criaturas que la componen.
Empieza a ser una costumbre. No hay lunes sin susto en Moncloa, aunque este se adelantara y por partida doble al domingo.
Se cumplen ochenta años de la rendición de Alemania. En Europa fue el fin de la Segunda Guerra Mundial.
Nada hay tan decisivo para ser demócrata como tomar la decisión de cumplir las reglas de la democracia y hacerlo siempre.
(OTR /PRESS)
Fin de semana de manifestaciones contrapuestas en muchas calles españolas, con Madrid como faro de todas las tormentas.
En algo tenía razón el horrible clan trumpista cuando atacaba (ataca) a Europa como catedral del buen vivir y poco hacer.
A la tercera (dos fumatas negras y una blanca) fue la vencida. Hubimos Papa mientras la guardia vaticana desfilaba a ritmo de charanga.
Aquí, en el terruño patrio, hay quien va a manifestarse este sábado pidiendo elecciones, arrogándose, me parece que un poco abusivamente, la representación de la sociedad civil.
Hay opciones políticas a las que les sienta mejor el pasado que el futuro.
Esta es la historia de Ahmed Tommouhi, alguien que ha visto pisoteados y violados todos sus derechos en España durante décadas y que aún sigue pagando por algo que no hizo.
Otro miércoles fallido en la tribuna del Congreso o frente al televisor. Esta vez, para consumo rápido de dos extremismos: el medioambiental y el pacifista.
Precisamente porque el de Eurovisión es sólo un festival, no puede caber en él la sangre derramada de decenas de miles de civiles inocentes, ni las heridas incurables de otros tantos, ni la hambruna provocada que torna raquíticos a los niños chicos, ni las ciudades reventadas, ni los campos sembrados por la sal de las bombas.
La verdad es que, oyendo a Pedro Sánchez este miércoles en el Congreso en su bucólico relato sobre el día del apagón, uno casi tenía la impresión de que había sido un día de fiesta más.
Roma volvió a ser la capital informativa del mundo en razón del inicio de las sesiones del cónclave.
"España y Cataluña, somos sociedades, somos países extraordinarios".
El ministro de Transportes, Óscar Puente, perdió una ocasión de callarse cuando dijo que "el tren vive en España el mejor momento de su historia".
Los eufemismos que emplea el negocio de los llamados "vientres de alquiler" no alcanzan a encubrir su extrema sordidez.
Tras cinco semanas de agitación política y ausencia de los actos parlamentarios, Pedro Sánchez comparece por fin este miércoles en la Cámara Baja para someterse a la sesión de control parlamentario y también para hablar, a petición propia y de otros grupos parlamentarios, de las tres cuestiones que esencialmente animan hoy el panorama político: la política de seguridad europea y las inversiones en Defensa y la polémica energética tras el 'apagón' casi sin precedentes de la semana pasada.
La diferencia de comportamiento electoral de la izquierda y la derecha españolas es una de las claves políticas emocionales que, en muchas ocasiones, determinan los resultados finales.
Pedro Sánchez e Isabel Díaz Ayuso van camino de transformar el escenario de la política española en lo más parecido a un sainete.
Todos estamos llenos de contradicciones, vivimos con ellas. Unos se acostumbran a convivir y otros acaban en el psiquiatra.
Conste que no soy yo quien llama 'el tipo ese' a ese tipo. Ha sido su predecesor en el despacho más poderoso del mundo quien lo ha calificado así, porque ni nombrarle quiere.