“Por qué no hay que comer carne”: Plutarco envía una carta desde la antigua Grecia

“Por qué no hay que comer carne”: Plutarco envía una carta desde la antigua Grecia

Acaba de ver la luz una nueva edición de “Por qué no hay que comer carne” (RBA editores, 2026) del historiador y filósofo griego Plutarco (c. 46 – 120 d. C.). Nacido en Queronea, ocupó en su vida importantes cargos tanto políticos como religiosos debido a su gran formación filosófica y retórica, que además le posicionó como uno de los grandes eruditos de su tiempo. Considerado uno de los mejores biógrafos de la Antigüedad clásica a causa de su proyecto “Vidas paralelas”, una colección de biografías de personajes de épocas diversas emparejados en base a sus similitudes. El resto de su producción, publicada bajo el título de “Obras morales y de costumbres”, aborda temas de historia, filosofía y política. 

Plutarco decidió dejar de comer carne en una etapa histórica en la que precisamente su consumo se valoraba como un símbolo de riqueza y poder. “Por qué no hay que comer carne” está escrito con la forma de los diálogos platónicos, denotando la influencia del filósofo. Estos diálogos son especialmente fáciles de leer: cada respuesta obedece a una pregunta. A cada argumentación se le saca directamente un por qué diferente pero que está exclusivamente relacionado con el tema que se desea solucionar. Esto permite que no se pierda el hilo de lo que se debate, especialmente en cadenas amplias de argumentación, confiriendo un tono mucho más didáctico. Además, es importante reconocer el trabajo cercano de este tipo de obras filosóficas para con el lector: a través de la constante repetición de personajes a modo de diálogo, la obra crea un espacio de lectura e intercambio de ideas más cálido. Con un lenguaje rico en metáforas y narraciones plagadas de ejemplos, es imposible sentir que Plutarco, desde la antigua Grecia, sea ajeno al lector de hoy: le hace partícipe de ese debate.

Con constantes referencias a grandes corrientes de la filosofía, como el movimiento pitagórico, el atomismo o el epicureísmo, el libro está dividido en cuatro partes. La primera y más densa: “Sobre la inteligencia de los animales”. En estos diálogos Autobulo y Soclaro debaten entre ellos mientras esperan a la continuación de otro debate entre Fédimo y Aristotimo. Los dos primeros comienzan a acercarse al límite moral de aquello que concierne a la caza y al uso de esa carne. Los segundos debatirán, mediados por Optato, si es mejor la caza terrestre o marina. Es esta discusión se ofrece un estudio interesantísimo y completo sobre los distintos animales en cada uno de los ecosistemas, para los amantes del conocimiento animal. En ninguna de estas páginas Plutarco pone en duda la inteligencia que poseen los animales, más aún el diálogo se encuentra repleto de argumentos que corroboran la convicción del autor de la inteligencia animal. 

En “Los animales son racionales”, el diálogo comienza entre Ulises y la hechicera -en la mitología griega- Circe. Ulises reclama que aquellos humanos que Circe había convertido en animales fuesen devueltos a su estado inicial y liberados con él. Es así, que Circe presenta a Ulises a Grilo, un animal que vive con Circe. Ellos debatirán sobre la condición humana y su respectiva posición con respecto a la condición animal: Grilo argumentará en favor de la segunda en términos morales y de disposición a la virtud respecto a la primera. La tercera y cuarta parte: “Sobre comer carne I” y “Sobre comer carne II”, giran en torno a aquellos ejes que más se identifican con los debates actuales sobre el vegetarianismo o veganismo. En concreto se abordan cuestiones como el especismo, la reificación de los animales que pasan de ser seres vivientes y padecientes (con imaginación e inteligencia), a convertirse en un trozo de carne, en un plato esperado a ser devorado y a la práctica por costumbre de su consumo. 

El texto tiene una sorprendente vigencia que permite comparar el pensamiento plutarquiano con los estudios actuales sobre el consumo de carne y sobre los aspectos más tenebrosos de la industria cárnica. Gran parte de los argumentos que el filósofo de Queronea presenta en estas líneas de sus diálogos han sido en las últimas décadas respaldadas empíricamente. Véase, en las dos últimas partes y especialmente relacionado con la caza como práctica lúdica, la relación que la psicología contemporánea ha ido estudiando entre el maltrato animal en la infancia y la violencia en la adultez entre humanos a través de una factible insensibilización por la vida. Desde que Plutarco escribió estos diálogos, el ámbito de reflexión sobre la moralidad del consumo de carne se ha desarrollado enormemente hasta llegar a tener su propio campo interdisciplinario como lo son los llamados “Estudios críticos animales”. 

Aunque Plutarco creía en el vegetarianismo desde la posición metafísica de la transmigración de las almas -de nuevo debe recordarse su influencia platónica-, su convicción sobre la obligatoriedad moral de no comer carne tiene un núcleo que es similar, o como mínimo está relacionado, con buena parte del nuevo pensamiento contemporáneo en pos de los animales. Es por ello que resulta interesante darle una oportunidad a estos diálogos, pudiendo formar paralelismos con aquellos argumentos que Plutarco en la antigua Grecia hacía y los argumentos que hoy se siguen manteniendo. Es un libro que no trata de castigar, sino de justificar y argumentar. Como dice Plutarco: “Se trata de reconocer que nuestras prácticas cotidianas nos educan moralmente, tanto para bien como para mal.”

@estaciondecult