Tras el exitoso “Lot” (2019), el volumen de relatos que supuso el debut literario del joven escritor estadounidense Bryan Washington (Kentucky, 1993), llegaron las novelas “Memorial” (2020) y “Comida familiar” (2023). Cada nueva entrega de este autor ha sido ampliamente reconocida con galardones que van desde el Premio Literario Aspen Words a la Medalla Andrew Carnegie a la Excelencia en Ficción o al Premio a la Primera Novela del Centro de Ficción. Se trata, por tanto, de una de las voces nuevas más prometedoras de la literatura norteamericana.
La editorial Anagrama ha publicado en español sus dos novelas, la primera en 2022 y la segunda, “Comida familiar”, acaba de salir de imprenta. Siguiendo la estela de su anterior libro, Washington ofrece un texto con indudable sabor autobiográfico: el autor vuelve a decantarse por narrar la historia de dos amigos homosexuales marcados, cada uno de una forma diferente pero paralela, por un pasado que permanece latente en la rutina del día a día. El protagonista es Cam, un joven afroamericano que se reencuentra con su compañero de la infancia, TJ, de origen coreano; ambos descubrieron a la vez su orientación sexual. Cam vuelve a su ciudad natal tras vivir la traumática muerte de su novio, el cual todavía le acompaña a modo de presencia fantasmal y tormentosa. A través de la mirada del personaje, el lector irá asistiendo al trágico desarrollo de la desesperación, la enfermedad, las secuelas de la drogadicción y la necesidad de encontrar algún tipo de refugio en el que poder cobijarse… ¿podrá Cam aceptar su pasado y dejar atrás la culpabilidad?
Uno de los aspectos más destacados de la novela es el estilo de Washington: profundamente emotivo, con una sutileza notable para desvelar hasta las fibras más sensibles del corazón. Elementos como el trauma, el deseo, la dificultad de las relaciones familiares y el duelo por la pérdida se entrelazan con una naturalidad sobrecogedora en mitad de un escenario —principalmente la ciudad de Houston— marcado por la gentrificación, la pérdida de identidad en los barrios y la falta de oportunidades para los jóvenes. Todos estos temas, ya recurrentes en la literatura contemporánea norteamericana, son abordados de una manera desoladora, reflejando el sentimiento de desarraigo de unos protagonistas que habitan un mundo cambiante que parece no tener espacio para ellos. Washington, fiel a su lenguaje mordaz y satírico, muchas veces incluso doloroso, logra narrar la historia con una fuerza emocional indiscutible, sin dejar indiferente a ningún lector.
En “Comida familiar”, el autor vuelve a demostrar su maestría a la hora de trabajar las emociones contenidas y el sufrimiento. La novela destaca por lo que se dice, pero también por lo que se calla: las conversaciones que nunca tuvieron lugar, los gestos apenas perceptibles y el pasado que se busca dejar atrás construyen una narrativa donde la intimidad se convierte en el eje central. Cam no solo lucha contra sus recuerdos, sino también contra la imposibilidad de deshacerse de ellos.