Alberto Rodríguez acaba de rodar la historia de Paesa y Roldán, un cuento de pícaros

Alberto Rodríguez acaba de rodar la historia de Paesa y Roldán, un cuento de pícaros

Alberto Rodríguez termina hoy el rodaje de su nuevo y esperado largometraje, "El hombre de las mil caras", que, tras el éxito de "La isla mínima", es todo un desafío: "Esta es una historia de pícaros, de timadores, de mentirosos; es de espías, pero aquí no dice nadie la verdad".

Rodríguez vuelve a la historia reciente de España con este "thriller" ambientado en los años 90 en torno a la vida del agente secreto español Francisco Paesa y su determinante papel en la fuga y posterior entrega del entonces jefe de la Guardia Civil, Luis Roldán.

En un encuentro con el director y los principales actores el último día de rodaje, que tuvo lugar en Madrid, el director afirmó que lo que más le interesó de la historia "es que el problema sigue vigente".

"Paesa es un personaje muy interesante; cuando el Grupo Zeta nos encargó este trabajo, queríamos contar 40 años de su vida, desde Guinea Ecuatorial hasta 2010, cuando tenemos la última noticia de él, sobre una estafa a unos magnates rusos (...). Era como un fresco del país, pero resultó demasiado ambicioso", explica Rodríguez.

Así, la película acota solo unos años del ex agente secreto del gobierno español, cuya vida fue (o quizá es, porque no se sabe si está vivo o muerto) tan intensa como la de cualquier espía del cine americano.

"Se ahonda en una época en la que también se robaba a espuertas, en la que había mucho 'mamoneo' político", comenta , de lo más convincente caracterizado de Paesa.

"Qué pasó con Roldán, cómo lo escondió Paesa, ver cómo este hombre manipula a la gente, cómo se busca la vida en beneficio propio. Es un personaje tremendo -apunta Fernández-, complejo y a la vez, muy español, con un punto cutre. Paesa improvisaba mucho y era muy tramposo".

"La verdad es que la película cuenta la historia de mi personaje -puntualiza José Coronado-. Yo soy el amigo de Paesa (Jesús Guimerá, que existió, aunque en la cinta se llama Camoens), un tipo de buena familia, aventurero, piloto de aviación y a quien todo lo que Paesa le proporciona le llena de la adrenalina que necesitaba para vivir".

A pesar de haber vivido este periodo en directo, a Coronado aún le cuesta creerse lo que pasó. "Es que es alucinante; no das crédito a que, cuando estábamos disfrutando de la democracia y de la libertad, hubiera cosas que no se controlaban y unos tejemanejes que, en mi opinión, han sido la semilla de toda la corrupción que hay hoy en día".

Sin embargo, añade Fernández, la película, "que no tiene nada de aleccionadora, sí muestra cómo se movían las cosas en el gobierno de Felipe González; hay cositas que van saliendo...".

"Hay algún político al que se reconoce claramente y cuando vea la película... -comenta Coronado-. Aparte de Roldán, por ejemplo, Alberto Belloch (el entonces ministro de Justicia e Interior), que jugó sus cartas de un modo que prefiero que vea la gente en la película", zanja el ganador del Goya por "No habrá paz para los malditos".

Pero el que impacta de verdad es el intérprete murciano Carlos Santos, transformado en Luis Roldán, con calva y un poco de barriga simulada producto de algunos kilos de más que el actor se quitará "pronto".

Santos nunca habló con el auténtico Roldán, porque no tenía sentido: "Tras quince años en la cárcel, no tiene nada que ver con la persona que nosotros contamos en la película. Después de verla, sí me gustaría saber qué le ha parecido -confiesa-, hasta me daría un poco de impresión".

"Lamentablemente, la siguiente película nos llevaría directos a la Gürtel, a Bárcenas o quién sabe", sugiere Alberto Rodríguez, aunque lo que de verdad le gustaría hacer a continuación es una comedia.

"Todo lo que ocurre en ésta es un vodevil -advierte-. El cine sirve para divertirse, lo primero, pero luego algunas películas te hacen reflexionar: si esto ocurre con esta, estupendo".

Han sido tres meses de rodaje y otro mes y medio de ensayos. El resultado se espera que llegue a las pantallas el 23 de septiembre de 2016, "quizá a tiempo" para el Festival de San Sebastián, del que el director tiene "tan buenos recuerdos".