Los grandes museos, cerrados desde hace dos meses, buscan nuevas fórmulas para encontrarse con sus visitantes. El Thyssen-Bornemisza da un paso al frente y lanza una propuesta pionera: visitas virtuales privadas, guiadas por uno de sus especialistas, para grupos de hasta 25 personas y con un precio de 600 euros.
Aunque la experiencia pueda parecer más fría que experimentar un recorrido a pie por el propio museo, la visita es en algunos “sentidos más rica”, según explica Evelio Acevedo, director gerente del museo durante la celebración de una de estas nuevas visitas a un grupo de periodistas.
La historiadora Teresa de la Vega, una de las guías de la pinacoteca, hace de anfitriona en un recorrido, que como los presenciales, esta sustentado en datos históricos pero también aderezado con multitud de anécdotas.
Ante la imagen de uno de los cuadros de Mondrian que alberga el museo madrileño, “New York City 3”, de la Vega recuerda que el pintor podría parecer muy “purista”, siempre ataviado con su pulcra bata blanca y sus cuadros de líneas rectas, pero le encantaba bailar, sobre todo tango, charlestón y boogie woogie. Curiosamente bailes todos ellos que se desarrollan en línea recta, añade.
En “Santa Casilda” de Zurbarán la guía se detiene y la imagen se acerca al detalle del brocado de la tela del vestido de la santa. El pintor español, recuerda, “era un colorista supremo”, su padre era tratante de telas, de ahí la riqueza textil que años después inspiraría a modistos como Cristóbal Balenciaga.
A las anécdotas y los datos históricos, se suman las posibilidades que ofrece la tecnología. La especialista intercala imágenes de las obras con radiografías, estudios previos a su restauración y tiene la posibilidad de ampliar detalles a un nivel imposible de ver en sala.
“Aunque es telemática, mantiene el calor y abre todo un abanico de posibilidades -añade Acevedo-. Es diferente, pero también tiene sus ventajas”.
En un recorrido por las obras más importantes del museo se pueden repasar ocho siglos de la historia del arte, con obras de Van Gogh, Rembrandt, Zurbarán, Canaletto, Hopper o Caravaggio, y en una esquina inferior se puede ver exactamente en qué parte del museo nos encontramos.
El museo, que abrirá previsiblemente la semana que viene, se ha visto obligado en estos dos meses de cierre a abrir sus puertas en internet y a volcarse en redes sociales para no perder el contacto con el público. Llevan semanas tratando de confeccionar este tipo de visitas, trabajando sobre las distintas opciones.
El público se ha volcado en internet con los museos. En el caso del Thyssen, desde el 13 de marzo -primer día cerrado- hasta el 24 de mayo, las visitas de la web han ascendido a 858.100 visitas (frente a las 592,000 del mismo periodo anterior). Las visitas virtuales disponibles en su web permiten ver la colección permanente y las dos temporales, pero también exposiciones pasadas que ya han cerrado al público.
La nueva apuesta del museo por las visitas privadas en grupo, que se harán a través de la plataforma Google Meet y otras plataformas, son un paso más dentro de esta oferta, que también se estudia realizar para otros públicos, como centros escolares que no puedan desplazarse hasta Madrid para visitar la pinacoteca.
Lo bueno de este tipo de experiencias es que “no es un producto enlatado”, sino que se puede hacer “a la medida del grupo”, también familias o empresas, y “abre un abanico de posibilidades” a la relación del museo con los aficionados al arte, que no siempre pueden encontrarse en su entorno más próximo.
El museo además ya ha constatado que hay interés en la idea, que puede contratarse desde hoy mismo, y está convencido de que tendrá una buena respuesta.
El Thyssen da con esta iniciativa un paso al frente ante el capítulo de incertidumbre que ha abierto el coronavirus sobre el futuro de los museos. Las pinacotecas del Triángulo del Arte de Madrid -formado por el Prado, el Thyssen y el Reina- tienen una media de un 60 por ciento de visitantes foráneos, millones de turistas extranjeros cada año.
Con el parón del turismo mundial, la gran pregunta es cómo recuperarán los museos a sus visitantes. El Thyssen ya tiene una respuesta.