El alcalde defiende los valores de la democracia liberal frente al populismo y define los tres ejes estratégicos para el futuro de la capital.
El debate sobre el encaje ideológico de las grandes metrópolis en el orden geopolítico actual ha centrado la agenda institucional de la capital. El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, ha defendido este miércoles un modelo de ciudad basado en la tolerancia donde "no se señale a nadie" por motivos de discrepancia política, ideológica o religiosa, enmarcando esta convivencia dentro de los principios y fundamentos normativos de la democracia liberal.
Estas reflexiones han sido expuestas por el regidor durante su participación oficial en el XIX Foro Atlántico 'Libertad y desafíos democráticos', un encuentro de debate organizado por la Fundación Internacional para la Libertad. En este escenario, Almeida ha reivindicado que los ayuntamientos no deben suplantar la soberanía individual de los administrados y ha definido la estrategia de desarrollo futuro de la capital a través de tres pilares complementarios: el crecimiento económico, la excelencia en los servicios públicos y la libertad individual.
Desde una perspectiva de libre mercado y optimización de los servicios de proximidad, el primer edil ha asegurado que la receta para la atracción de capitales y el dinamismo financiero está consolidada gracias a la continuidad de las políticas fiscales aplicadas por las administraciones local y autonómica. Para el segundo bloque, ha apostado por reforzar las contratas de mantenimiento urbano y la oferta cultural para favorecer el bienestar ciudadano, situando el tercer eje en la capacidad de la urbe para competir globalmente como un entorno libre de coacciones estatales.
La intervención del alcalde ha contenido una firme defensa de los ordenamientos jurídicos occidentales, asociando El Progreso socioeconómico de las últimas décadas a la existencia de un marco normativo previsible. Almeida ha alertado del avance de corrientes populistas y autoritarias de diversa índole cuyo fin último es erosionar la seguridad jurídica y degradar los catálogos de derechos fundamentales que sostienen las democracias liberales modernas.
Finalmente, José Luis Martínez-Almeida ha atribuido a los alcaldes de las grandes capitales una responsabilidad institucional añadida a la hora de contrarrestar el desafecto ciudadano hacia las estructuras del Estado. El regidor ha concluido señalando que las corporaciones locales, al operar como la administración más cercana a la cotidianidad del administrado, se convierten en el mecanismo más eficaz para frenar las promesas electorales ilusorias, recuperar la confianza en el funcionamiento institucional y blindar la paz social frente a intereses de carácter particular.