
La actual acampada en la Puerta del Sol por la vivienda es la última expresión de una forma de protesta con profundas raíces en la historia reciente de Madrid.
Las acampadas en lugares públicos de Madrid no son una novedad. La que desde hace una semana desborda la Puerta del Sol tiene precedentes claros en la historia reciente de España, con el 15M como referencia mayor, pero también con otros episodios menos recordados. Convertir plazas, avenidas y campus en espacios de residencia, organización y protesta ha sido una estrategia recurrente de distintos movimientos ciudadanos a lo largo de décadas.
La protesta actual, impulsada por la emergencia habitacional y convertida en símbolo con el caso de Maricamen —una mujer de 87 años desahuciada de su vivienda en el barrio de Retiro tras residir allí durante 70 años—, ha llegado a reunir más de un millar de tiendas en el mismo escenario que el 15M. Su magnitud vuelve a poner sobre la mesa la persistencia de esta forma de movilización en la capital.
Uno de los primeros precedentes se remonta a 1994, cuando centenares de tiendas de campaña se instalaron en el Paseo de la Castellana para exigir que al menos el 0,7 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB) se destinara a la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) para países en vías de desarrollo, conforme a las recomendaciones de la ONU.
La protesta arrancó el 17 de septiembre frente al Ministerio de Economía y Hacienda con apenas cinco tiendas. Fue creciendo con el respaldo de movimientos sociales y ciudadanos hasta que la denominada "Acampada de la Solidaridad" ocupó las zonas ajardinadas de la Castellana entre el estadio Santiago Bernabéu y la Plaza de Castilla, y la movilización se fue extendiendo a otras ciudades.
El campamento se levantó de forma pacífica el 20 de noviembre, 64 días después de su inicio, tras un acuerdo con el Ayuntamiento de Madrid. Las bajas temperaturas del invierno y los problemas de salubridad e infraestructuras aceleraron la decisión. Pero el fin de la acampada no fue el fin del movimiento: huelgas de hambre, manifestaciones universitarias y nuevos asentamientos temporales —como una nueva acampada en el Paseo del Prado en 1996— mantuvieron viva la presión.
La movilización dio lugar al Pacto por la Solidaridad, firmado por todos los grupos con representación parlamentaria, y fue el germen de la primera Ley de Cooperación Internacional para el Desarrollo de España, aprobada en 1998. El objetivo del 0,7 por ciento, sin embargo, nunca se cumplió en la práctica presupuestaria: el máximo alcanzado roza el 0,5 por ciento del PIB. La propia Ley de Cooperación fija como meta llegar a ese umbral en 2030.
Otro antecedente histórico fue el "Campamento Esperanza" que los trabajadores de Sintel, antigua filial de Telefónica, levantaron en 2001 en la Castellana, frente al Ministerio de Economía. Su reclamación: el cobro de nóminas atrasadas y una salida laboral ante el hundimiento de la compañía.
Durante 187 días, del 29 de enero al 3 de agosto, el campamento funcionó como una ciudad provisional. Casas improvisadas de madera y uralita, tiendas organizadas por procedencia territorial, asambleas diarias, turnos de intendencia y una red de financiación sostenida con aportaciones, bonos solidarios y donaciones articularon la protesta. Se desmanteló tras un acuerdo con el Gobierno que contemplaba un plan económico y social para los más de 1.800 trabajadores afectados, con recolocaciones, jubilaciones y bajas incentivadas.
El conflicto tenía su origen en abril de 1996, cuando se produjo la venta de Sintel. La empresa fue declarada en quiebra en mayo de 2001, dejando a 1.788 acreedores y a 1.828 trabajadores afectados en toda España. La Audiencia Nacional cerró el caso en junio de 2013, después de que los extrabajadores aceptaran una indemnización de 35 millones de euros.
El mayor exponente de este tipo de protesta, por su repercusión y capacidad de movilización, es el 15M. En 2011 llevó al corazón de la capital la frustración de toda una generación golpeada por la crisis financiera. El movimiento tomó calles y plazas de las principales ciudades del país y fue el germen de lo que se acabó conociendo como la "nueva política", que con los años cristalizaría en formaciones como Podemos o en experiencias municipalistas como Ahora Madrid.
El domingo 15 de mayo, siete días antes de las elecciones municipales y autonómicas, la plataforma ciudadana Democracia Real Ya (DRY), junto con colectivos como la PAH y Juventud sin Futuro, convocaron a "toda la ciudadanía descontenta con el sistema" a manifestarse de Cibeles a Sol contra la situación económica, social y política bajo el lema "No somos mercancía en manos de políticos y banqueros".
Cientos de personas secundaron la protesta en Madrid en una jornada que acabó con 80 jóvenes pasando la noche acampados en la Puerta del Sol. Fueron desalojados, pero al día siguiente miles de personas volvieron al mismo punto. Las acampadas espontáneas fueron tomando la plaza, convertida en símbolo de la lucha contra la corrupción, la austeridad que ahogaba a las familias, los recortes, la precariedad y el rechazo al bipartidismo PP-PSOE.
La "Acampada Sol" se desmanteló el 12 de junio, tal y como acordaron los propios acampados en asamblea general, con la convicción de que levantar las tiendas no significaba renunciar a las reivindicaciones. Fueron 28 días de un movimiento asambleario organizado en comisiones y grupos de trabajo abiertos, encargados de elaborar propuestas que dieron contenido político y social a la protesta.
En mayo de 2024 el protagonismo de este tipo de movilización recayó en la plataforma Acampada por Palestina Madrid, que organizó una acampada en el campus de la Universidad Complutense de Ciudad Universitaria. La iniciativa exigía que el Gobierno y las universidades rompieran relaciones con Israel por su intervención militar en Gaza, y se extendió a una decena de ciudades españolas.
La acampada comenzó con carácter indefinido el 7 de mayo, cuando unos 200 alumnos se concentraron contra la respuesta armada de Israel en Gaza tras los atentados de Hamás en suelo israelí el 7 de octubre de 2023. Un mes después, el 7 de junio, el movimiento estudiantil decidió levantar el campamento para descentralizar las acciones a través de comités en cada centro universitario.
Todas estas acampadas acabaron recogiendo sus tiendas, con resultados desiguales en sus demandas. Pero dejaron algo más duradero: incorporaron a la protesta y al activismo a cientos, y en algunos casos miles, de personas que hasta entonces habían permanecido al margen de la vida pública organizada.
Estas preguntas han sido generadas por inteligencia artificial para favorecer el diálogo y la reflexión.
¿Crees que las acampadas en espacios públicos son una estrategia efectiva para conseguir cambios políticos y sociales en Madrid?
¿Qué diferencias ves entre las motivaciones de las acampadas históricas que se citan y la actual protesta por la vivienda en la Puerta del Sol?
Tu opinión es importante. Comparte tu punto de vista con respeto.
Participa en la conversación con respeto. Tu comentario se publicará automáticamente, aunque podrá ser retirado por la redacción.
Comentarios (0)