Miguel Guerrero, dramaturgo: “Utilizamos la sátira como herramienta para descorrer el velo”

Miguel Guerrero, dramaturgo: “Utilizamos la sátira como herramienta para descorrer el velo”

Graduado en Ingeniería Industrial y con un máster de Guion de Cine y TV por la UC3M, Miguel Guerrero (Madrid, 1993) ha trabajado durante años como consultor de guiones y miembro del comité de selección de guiones para festivales como Sitges o el CDMX Festival.

Como guionista y director audiovisual, ha escrito varios cortometrajes como “Inquilinos” (Premio del Público en Películas Redondas Notodofilmfest 2024) y “La otra vida de Santi” (seleccionado en el Lift-Off August Festival en UK 2021). Es el creador del formato “Si el servicio hablara…” para la serie diaria “La promesa” (RTVE), compaginándolo con la redacción de artículos semanales para la web de La 1.

Miguel Guerrero ha coescrito y realizado también varios videoclips y, en el ámbito literario, es autor de varias piezas de microteatro. Su primera gran obra como dramaturgo y director, “El toro que mató a Juan ‘el Chiqui’”, ha sido publicada recientemente por la Editorial Mutis. La edición incluye el texto que representó en múltiples ocasiones con la compañía teatral El Asilo, junto con un prólogo y análisis de investigación especializado. Con motivo de su publicación, Madrid Actual ha contactado con él.

PREGUNTA-: ¿De qué trata “El toro que mató Juan el Chiqui”?

RESPUESTA-: “El toro que mató a Juan el Chiqui” detona con la muerte de Juan el Chiqui padre, el gran torero del Siglo XXI, y todo el universo taurino lo lamenta: la mujer que se acaba de quedar viuda, su hijo retirado, el ganadero que ha puesto al toro asesino y, sobre todo, el apoderado Ramón. El que lleva la acción durante la obra es el apoderado Ramón, que de la noche a la mañana se queda sin toreros porque todos le tachan de gafe y él se ve obligado a acudir a Juan el Chiqui hijo, quien está retirado de los ruedos desde hace un año por una cornada, porque hay cornadas que duran un segundo y cornadas que duran toda una vida.

P-: ¿De dónde surge la idea de escribir sobre tauromaquia?

R-: Nace en unos laboratorios de improvisación en 2020 con unos actores. Por medio de ellos surge un personaje real que se suicidó, un torero picador de un pueblo taurino de Toledo. Empezamos a leer diferentes medios de información y nos dimos cuenta de que lo que realmente hacían era mitificar y oscurecer su figura por medio de la romantización y exaltación del toreo. Decidimos viajar al pueblo para conocer qué había pasado realmente. Su familia nos abrió su casa y nos mostró el museo de la estirpe, porque el abuelo y el padre del torero que se suicidó también eran picadores. Volvimos a Madrid con una historia que contar.

P-: Como escritor, ¿qué es lo que más te llamó la atención de la cultura taurina?

R-: Nunca me había interesado la tauromaquia como tal. Puedo entender que la tortura y muerte animales son un horror, pero tampoco quiero posicionarme en contra o a favor de algo que realmente me da igual porque yo en mi día a día no hago nada relacionado con ayudar a los animales. Pero me doy cuenta de que hay un punto interesante en todo este tema, que es el sufrimiento del torero: entender la barbarie de la cultura de la tauromaquia a partir de intentar empatizar con el torero. Los taurinos dan por supuestos que el torero es un héroe que debe sacrificarse y los antitaurinos simplemente no lo contemplan porque consideran que es un asesino. Nosotros utilizamos la sátira como herramienta para descorrer el velo y mostrar todo lo que oculta esa idea bella del héroe.

P-: Antes de esta obra, trabajaste en cortos cinematográficos. ¿Cómo se dio el paso al teatro?

R-: Yo ya había hecho algún tanteo en el mundo del teatro y me llamaba la atención, especialmente que la palabra sea el centro de acción. Es interesante en la medida en que tus presupuestos pueden abaratarse a lo bestia, no tienes que estar buscando pasta como loco para producir un corto. Pero también que la palabra te permite llegar a sitios que con la imagen no podría ver. La principal fuente de sufrimiento de Juan el torero es toda esta red de palabras que lo cercan: la idea de gloria, de héroe, de estar cerca de la muerte y de volver. Todo eso es una construcción ficticia que a partir de los locutores y de los medios de comunicación en la tauromaquia se ayudan para completar esta cultura, entendida como un corpus de símbolos heredado de generación en generación.

P-: ¿Cómo ha sido el proceso de publicación del libro?

R-: Con Ediciones Mutis ha sido bastante fácil porque hemos ido trabajando el formato en cosas específicas, por ejemplo, hacer más líricas las acotaciones. Y luego, las correcciones de la propia editorial, poco más. Sí que he aprovechado el periodo para seguir reescribiendo obsesivamente el texto. Para ilustrar el libro con el arte de Eloisa Faltoni [la ilustradora] acabamos inspirándonos en las caricaturas que hace “El Jueves”. Para el prólogo pedí ayuda a mi pareja Macarena Millán y el análisis de investigación corrió a cargo de la profesora Elena Cano Sánchez. Es precioso porque tanto el prólogo como el análisis de investigación que incluye el libro riman en la exploración de la vulnerabilidad y de la fragilidad, que es sobre lo que se sustenta el personaje de Juan el torero.

P-: ¿Cuál es el público de la obra?

R-: Todo el mundo. Si podemos dividir el público en España como taurino o antitaurino resulta que es una obra que ha gustado mucho a ambos. Obviamente los antitaurinos ven la sátira, la denuncia y que nos reímos de ese ese ámbito tan brutal y fascinante. Los taurinos en cambio ven una serie de personajes que son arquetipos, que conocen perfectamente del mundo taurino, como el torero asustado o cobarde, el manager o apoderado oportunista, la tonadillera obsesionada con brillar continuamente, el empresario de las ventas que está ahí por el dinero. A través de esa identificación de un mundo que ya conocen, entra risa y risa, descubren que la obra habla de cosas que ellos ya saben, como que no es nada extraño que los toreros se ayuden de sustancias estimulantes para poder hacer un trabajo que por otra parte es traumático. Entonces, hemos podido ver que nuestra comedia ha llegado a un punto de equilibrio para que ambos tipos de público puedan disfrutarla.

P-: ¿Cuántos años has estado trabajando en esta obra?

R-: Empecé a tomar notas en 2020, pero hasta la versión más representable pasaron cuatro años de escritura, de documentación exhaustiva en la medida de lo posible. Leí manuales de toreo, biografías como la de Manolete o de Juan Belmonte. Claro, todo esto me encaminaba a escribir sobre la tragedia del torero, desde el tono dramático que compartía lo que leía. Pero la primera escritura me quedó demasiado dramática. El texto me pidió una revisión, porque además en esa época estaba muy influido por Club Caníbal, y absorbí su tono. Juan el Chiqui es su hijo directo. La sátira me permitió hablar de lo que quería hablar: detrás de ese velo de palabras bellas, oropeles y chaquetillas ¿qué hay? Gente con intereses, como cualquier industria. Hay codicia, ideas de gloria y deseo de mantener la tradición.

P-: ¿En qué otros proyectos estás trabajando?

R-: Escribo desde hace varios meses cosas en paralelo. Estoy con un proyecto de compendio de cuentos, también con una premisa para una novela sobre una secta y quizás una obra de teatro sobre esa misma secta. No tengo claro si lo que quiero escribir sobre esta secta tiende más a la novela o al teatro, o ambas cosas. Luego, otra idea es una obra de teatro sobre mi paso trabajando en “La promesa”, sobre lo que sucede entre bambalinas.

@estaciondecult