El turrón que sabe a Navidad desde hace casi dos siglos

El turrón que sabe a Navidad desde hace casi dos siglos

Carlos Ibáñez Méndez, sexta generación de la saga Mira y único heredero del negocio, dirige Casa Mira desde el año 2011.

Al frente de una de las confiterías más antiguas y reconocidas de la capital, representa la continuidad de una historia familiar que ha sabido mantenerse fiel a la tradición sin renunciar a la adaptación.

De la Plaza Mayor al Madrid de los Austrias

La historia de Casa Mira comienza en 1842 con un humilde puesto de turrones en la Plaza Mayor. Su fundador, Luis Mira, confitero originario de Xixona (Alicante), llegó a Madrid con un carro tirado por dos burras cargado de turrones. El viaje fue más largo de lo previsto, ya que tuvo que regresar hasta en cuatro ocasiones tras vender todo el género antes de alcanzar la capital. Aquellos contratiempos fueron el preludio de un éxito inmediato que le permitió consolidarse rápidamente.

El prestigio de sus dulces fue tal que Luis Mira se convirtió en proveedor de la Casa Real durante varios reinados, desde Isabel II hasta Alfonso XIII. Este reconocimiento impulsó la apertura, en 1855, de la confitería Casa Mira en la Carrera de San Jerónimo, número 30, donde sigue abierta más de siglo y medio después.

Un local detenido en el tiempo

El establecimiento conserva intacta su estética original. La sala principal, de planta cuadrangular, mantiene las paredes revestidas de caoba, los espejos clásicos y los techos decorados con escayola floral. El corte del turrón delante del cliente sigue siendo una de las señas de identidad del negocio, un gesto que refuerza el vínculo entre tradición y artesanía.

Aunque ya no es proveedor oficial de la Casa Real, la relación simbólica continúa. Según explica Carlos Ibáñez, cada año envían un lote de productos a la institución y siempre reciben respuesta, manteniendo así un lazo histórico que forma parte del ADN de la casa.

Una vocación temprana

Con solo 33 años, Ibáñez habla desde el piso superior del establecimiento, también propiedad de la familia, y recuerda que Casa Mira es la única fábrica de turrones de mediados del siglo XIX que sigue en activo. Se hizo cargo del negocio con 19 años, tras finalizar el Bachillerato, aunque asegura que su vocación nació mucho antes. Desde niño, pasaba las tardes en el obrador ayudando a su abuela y aprendiendo las recetas, sin sentirse nunca obligado a continuar el legado.

Resistir al paso del tiempo

Casa Mira ha sobrevivido a la Guerra Civil, a varias crisis económicas y a la pandemia. Ibáñez atribuye esta resistencia a una buena planificación y a la sólida implantación del negocio en el centro de Madrid, donde durante décadas fue la única tienda especializada en turrones.

Durante la Guerra Civil, sus abuelos trasladaron a Xixona materias primas como la miel y el azúcar para protegerlas y garantizar la continuidad del negocio. En cuanto a la pandemia, reconoce que tuvieron suerte de que comenzara en marzo y no en plena campaña navideña, cuando la inversión es mayor y los compromisos laborales ya están cerrados.

La unión familiar y el cuidado de los empleados han sido claves. Prueba de ello es que el jefe de obrador se jubiló el año pasado tras toda una vida en la casa, a la que entró con solo 14 años.

El alma artesanal y el vínculo con Xixona

Todas las recetas parten del turrón de Xixona, protegido por denominación de origen y traído directamente desde la localidad alicantina, cuna de la familia Mira. El turrón, la almendra marcona y la miel de romero son la base de cada elaboración, siempre con ingredientes naturales y de origen nacional.

Casa Mira ofrece entre diez y once variedades de turrón, incluidas opciones sin azúcar. La mayoría se conserva hasta doce meses en condiciones normales, lo que permite concentrar la producción en los meses previos a Navidad. Cada temporada adquieren unos 8.000 kilos de almendra marcona y comienzan la elaboración en octubre, con una o dos tiradas diarias durante la campaña fuerte.

La digitalización como complemento

La pandemia impulsó la venta online, aunque la atención presencial sigue siendo predominante. Desde que Carlos Ibáñez dirige el negocio, la estrategia de comunicación ha evolucionado: de anunciarse únicamente en prensa escrita han pasado a contar con página web y un perfil de Instagram con gran alcance.

Gracias a ello, los productos llegan a países como Francia o Inglaterra, con envíos a toda la Unión Europea. Aun así, el 80% de los pedidos online procede de clientes nacionales, siendo imprescindibles el turrón de Xixona y el de Alicante.

Más manos para la campaña navideña

Durante el año, Casa Mira cuenta con una plantilla de 12 personas, incluido el propio Ibáñez. En Navidad, el equipo se amplía hasta superar la treintena de trabajadores. También se han incorporado mejoras como el pago con tarjeta y la ampliación del horario en las fechas clave.

Este año, por primera vez, del 13 al 23 de diciembre el establecimiento abre de forma ininterrumpida de 9.30 a 21.00 horas. “Si en Navidad nos va bien, salvamos el año”, resume su responsable.

Un legado reconocido y compartido

El reconocimiento llegó en 2022 con el Premio Acyre Madrid a la mejor pastelería. Pese al galardón, Ibáñez insiste en que el verdadero mérito pertenece a Luis Mira, el fundador que lo arriesgó todo.

Hoy, cientos de personas se detienen cada día ante el escaparate y decenas esperan su turno tras las puertas de madera. La mayoría acude por tradición, una costumbre heredada de abuelos y padres que sigue viva generación tras generación. En Casa Mira, el 90% de los clientes no compra solo turrón: compra memoria, historia y Navidad.