La gestión pasiva suma adeptos y se acerca cada vez más a la activa

La gestión pasiva suma adeptos y se acerca cada vez más a la activa

Cuando John C. Bogle, fundador de Vanguard, creó el primer fondo indexado al S&P 500 allá por 1975, nunca pensaría que, más de 40 años después, la gestión pasiva fuera a discutir la posición predominante de la industria de fondos de inversión, basada en un papel activo de los gestores que buscan superar al mercado.

No en vano, en Estados Unidos, donde la mentalidad inversora está mucho más arraigada que en otros países de nuestro entorno, cerca de la mitad del patrimonio en fondos de inversión se gestiona siguiendo los postulados de la gestión pasiva. En Europa, este modelo de inversión está ganando cada vez más adeptos, haciendo que el debate entre gestión activa y gestión pasiva se esté intensificando todavía más en los últimos años.

Las diferencias entre gestión activa y pasiva

De acuerdo a la forma en que los inversores gestionan sus carteras, las dos estrategias básicas de inversión son la gestión activa y la gestión pasiva. Una estrategia de gestión activa supone superar la rentabilidad del mercado, utilizando para ello diferentes herramientas, especialmente de análisis fundamental. En el caso de la gestión pasiva, el inversor se limita a seguir un índice y replicar su rentabilidad, pudiendo así ofrecer costes más bajos por su menor
intervención.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que ambas estrategias son utilizadas por inversores más arriesgados que confían en la renta variable. Para aquellos ahorradores más conservadores, que prefieren no enfrentarse a la alta volatilidad del mercado, la alternativa óptima es, indudablemente, la inversión en depósitos bancarios, un producto financiero que se contrata y mantiene hasta su vencimiento.

La gestión activa no consigue superar a la pasiva a largo plazo

Uno de los principales argumentos que esgrimen los defensores de la gestión pasiva es que la mayoría de gestores de fondos de inversión no son capaces de batir a sus índices de referencia (también conocidos como benchmarks) de forma consistente a largo plazo.

 Así lo ponen de manifiesto diversos análisis como el SPIVA, un estudio semestral elaborado por S&P, que compara el desempeño de los fondos de gestión activa con los índices que les corresponden (benchmarks) en un horizonte temporal de 1, 3, 5 y 10 años. Y las conclusiones arrojan resultados decepcionantes para la gestión activa.

En concreto, y tomando el conjunto de fondos de inversión en Estados Unidos, el informe pone de manifiesto la dificultad de la gestión activa para superar a sus benchmarks, especialmente a medida que aumenta el plazo de estudio. El porcentaje de fracaso de los fondos domésticos de gestión activa en Estados Unidos, cuando se compara con el índice S&P Composite 1500, va desde el 67,40 % a 1 año hasta el 87,23 % a 15 años.

Dicho de otro modo, casi 9 de cada 10 gestores de fondos de inversión no consiguen superar al mercado a largo plazo, lo que pone de manifiesto la dificultad de hacer frente al mercado a largo plazo. Y esta circunstancia sirve para explicar, en parte, por qué la gestión pasiva está cosechando tantos éxitos en todo el mundo.