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José Luis Romero: empezar a conocernos

José Luis Romero: empezar a conocernos

Algunos conocemos a José Luis Romero (Córdoba, 1977) como Icaro Books (@icarobooks), el seudónimo bajo el cual lleva mucho tiempo activo en redes, recomendando libros y compartiendo sus opiniones en su cuenta de Instagram. Quienes seguimos el programa literario “Libros de Arena” en Radio 5 con Susana Santaolalla sabemos que José Luis Romero es colaborador desde hace más de un año. Ya lo dijo Cervantes: “el que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho”. Con lo cual, antes de convertirse en escritor con su novela “Volver a conocernos” (Ediciones B, 2022), nosotros ya le conocíamos como un verdadero amante y voraz lector de libros. Ahora nos queda empezar a codearnos desde la afinidad de los roles de lector y escritor.

Su magnífico debut literario se presenta como “una pequeña historia de amor”. Hugo es un niño de ocho años y sus padres se están divorciando. Mientras los dos deciden las formalidades de la separación, su padre y protagonista de este libro se da cuenta de los silencios que ha adoptado como forma de vida. Silencio entre él y la madre de Hugo, entre él y su propio hijo, entre su propio padre, que peleará por su vida tras un accidente. No saber cómo expresar los sentimientos y esconderse tras un castillo de arena hará que las bases de su vida se tambaleen cuando el viento sople algo más fuerte. Entonces comprenderá que reconquistar a su hijo va a ser fundamental si no quiere perderlo, que cuidar a los que más se quiere es la base de una vida plena. No aparecen nombres. Solo uno, el de Hugo. Porque es el verdadero protagonista de esta historia, es el que está en medio, el que sufre las secuelas de ser un vaso roto, de un amor consumido. Todas las decisiones que tomen sus padres tendrán que ser por su bien, él siempre estará en primer lugar porque es lo que los une, es su tesoro más apreciado.

Con un lenguaje muy trabajado y un estilo muy delicado, Romero revela el drama de nuestra generación: El Club de los Dobles Regalos. Así se denominan los niños de padres separados en la clase de Hugo. Los divorcios en nuestro tiempo están de moda, son como el bestseller del siglo que descansa en la mesa. Ya no se intenta construir un futuro juntos, resolver los problemas, reflexionar en lo que se falla. Ahora, en la era de la sociedad líquida, la inmediatez gana. Se deja de intentar, se rinde uno ante el muro del silencio y decide tirar por el camino fácil. Si seguimos así ya no veremos más abuelitos cogidos de la mano por la Gran Vía.

El autor consigue plasmar con gran sensibilidad la idea de lo duro que es dejar atrás una familia que se lleva construyendo mucho tiempo, sabiendo que siempre serán parte de su vida, pero no de la misma manera. Que ya no serán tres, sino dos. Que ahora Hugo tendrá “padres por turnos”. Narrar el proceso de un divorcio es lo mismo que explicar cómo se escribe un libro nuevo cuando todavía no has terminado el anterior. “Divorciado”. Puede que parezca solo una etiqueta que se pone en documentos oficiales, pero significa mucho más. Es haber compartido sueños e ilusiones y que ya no sientas nada de eso como tuyo. Solo un hijo que os unirá para siempre porque ningún amor es tan grande como el que tiene un padre por su hijo.

Mientras intenta solucionar su propia separación, el protagonista se da cuenta de lo alejado que está de su propio padre. Su relación fría e indiferente sale a flote: hasta que no deje de reprocharle los errores que tuvo, no podrá tomar las riendas del vínculo con Hugo. El pasado vuelve, aunque se vea reflejado en diferentes personas, en las generaciones siguientes. El padre del niño reprime sus sentimientos porque así lo aprendió de su progenitor, nunca pudo expresar en voz alta su interioridad: como un guerrero que sabe que si flaquea el mundo se le viene encima, sin darse cuenta de que mostrar nuestra intimidad nos acerca a los demás.

Con un final abierto, Romero deja entrever los sentimientos del protagonista, a sabiendas que – sin importar si es alegría o pena – las emociones son las que nos hacen estar vivos. Llorar es una forma de amar la vida. Libros como este nos enseñan a cruzar los umbrales del silencio y a convertirlos en jardines llenos de gardenias y orquídeas.