Apple retrasa a 2027 sus gafas inteligentes

Apple retrasa a 2027 sus gafas inteligentes

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El proyecto N50 aspira a competir en un mercado donde Meta ya lidera con Ray-Ban y Oakley, tras vender más de 7 millones de unidades en 2025.

Apple ha retrasado hasta finales de 2027 el lanzamiento de sus primeras gafas inteligentes. El producto, desarrollado bajo el nombre en clave N50, representa un nuevo frente en la ambición de la compañía de Cupertino por dominar mercados de consumo masivo. Según el periodista Mark Gurman en su boletín 'Power On' de Bloomberg, el retraso desplaza el calendario original, que contemplaba un lanzamiento más próximo.

La estrategia de Apple replica el modelo que ya funcionó con el Apple Watch. En aquel caso, la compañía llegó tarde a un mercado donde Pebble y Samsung ya operaban, pero impuso su ecosistema, su diseño y su capacidad comercial hasta convertir el reloj inteligente en un producto de consumo masivo. Ahora pretende aplicar esa fórmula a un sector mucho más amplio y complejo.

Las gafas inteligentes no son solo un dispositivo tecnológico. Funcionan simultáneamente como producto sanitario, accesorio de moda y elemento cotidiano para miles de millones de personas. Esa convergencia convierte al mercado en una de las grandes oportunidades de crecimiento para las tecnológicas en los próximos años, con un potencial anual estimado en torno a los 200.000 millones de dólares según la Organización Mundial de la Salud.

Los planes iniciales contemplaban un lanzamiento antes, incluso a finales de este año, pero el calendario se ha desplazado hasta finales de 2027. El retraso concede más margen a Meta, que ha logrado situarse en una posición privilegiada gracias a sus gafas inteligentes desarrolladas junto a EssilorLuxottica bajo las marcas Ray-Ban y Oakley.

Las primeras gafas inteligentes de Apple incorporarán elementos de diseño pensados para diferenciarse de sus rivales. El proyecto prevé cámaras de forma ovalada, colores exclusivos y varios estilos de montura. La empresa también aspira a que el producto evolucione con el tiempo hacia funciones de salud y, posteriormente, hacia tecnologías de realidad aumentada.

El enfoque de Apple parte de una idea sencilla: entrar en un mercado fragmentado, elevar el estándar de producto y apoyarse en la integración con el iPhone. La compañía no necesita ser la primera en llegar, pero sí presentar un dispositivo suficientemente pulido para que el consumidor lo perciba como una extensión natural de su ecosistema.

Según Gurman, Apple “va directo a por uno de los mayores mercados de consumo” y uno con potencial para alcanzar una base de clientes comparable a la de los teléfonos inteligentes. La dimensión del sector explica el interés de la compañía, que no compite únicamente contra fabricantes tecnológicos, sino contra marcas de moda, grupos ópticos y multinacionales sanitarias.

El mercado potencial está formado por miles de millones de personas que usan gafas graduadas y por otros tantos consumidores que compran gafas de sol como complemento de moda. En ese terreno operan firmas de alta gama como Cartier, Matsuda o Dita, junto a un segmento más amplio dominado por EssilorLuxottica con marcas como Ray-Ban, Oakley y Chanel. Los precios habituales en este tramo se sitúan entre los 200 y los 500 dólares, una horquilla en la que Apple pretende competir.

Ray-Ban mantiene una posición dominante dentro del sector, con una cuota estimada de entre el 4% y el 4,5% y una facturación de entre 8.000 y 9.000 millones de dólares. EssilorLuxottica, fabricante de Ray-Ban, alcanza unos ingresos anuales próximos a los 30.000 millones de dólares y controla cerca del 15% del mercado mundial.

Meta ha aprovechado esa estructura industrial para avanzar con rapidez. Su alianza con EssilorLuxottica le ha permitido llevar al mercado gafas inteligentes bajo enseñas reconocidas y con una aceptación creciente entre los consumidores. Según Bloomberg Línea, las gafas Ray-Ban y Oakley de Meta vendieron más de 7 millones de unidades en 2025 y se han convertido en el principal motor de crecimiento de esa división.

La ventaja de Meta no se limita al volumen de ventas. La compañía ha conseguido que sus gafas se perciban como un producto de uso cotidiano y no solo como un experimento tecnológico. Ese punto es decisivo en un mercado donde el diseño, la comodidad y la aceptación social pesan tanto como las capacidades técnicas.

Apple también tendrá que medir sus fuerzas frente a grandes grupos del sector óptico y sanitario. Entre ellos figura HOYA Corporation, consolidada como uno de los principales fabricantes mundiales de cristales graduados, y Johnson & Johnson Vision, líder en lentillas con su marca Acuvue.

Las bazas de Apple son su marca, su diseño industrial y la integración con el iPhone. La compañía cuenta con una comunidad de usuarios amplia y fiel, además de una experiencia contrastada en la conversión de categorías tecnológicas en productos de masas. Ese capital puede ser decisivo si logra presentar unas gafas con utilidad real y una experiencia sencilla.

El riesgo para Apple es que Meta y otros competidores sigan ganando terreno antes de 2027. Gurman también apunta a otro factor clave: la Inteligencia Artificial visual. Las gafas inteligentes necesitarán capacidades avanzadas para interpretar el entorno, asistir al usuario y ofrecer respuestas útiles en tiempo real.

Ese desarrollo dependerá en buena medida de Siri, un asistente cuyo rediseño ha sufrido distintos retrasos. Para Apple, el desafío no será únicamente fabricar unas gafas atractivas, sino dotarlas de una inteligencia suficientemente fiable para justificar su adopción masiva.