El Pozo del Milagro de San Isidro conserva 22 metros de historia en Madrid

El Pozo del Milagro de San Isidro conserva 22 metros de historia en Madrid

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El Museo de San Isidro alberga en su patio el pozo donde la tradición sitúa el milagro del patrón madrileño que salvó a su hijo.

El Museo de San Isidro. Los Orígenes de Madrid conserva en su patio el conocido como Pozo del Milagro, uno de los lugares más significativos de la tradición popular vinculada al patrón de la capital.

Según la leyenda tradicional, en este pozo ocurrió uno de los episodios más célebres atribuidos a San Isidro: el milagro en el que el santo hizo ascender el agua hasta el brocal para rescatar a su hijo, que había caído accidentalmente al interior del pozo.

“El pozo tiene mucha historia y mucha tradición”, explica Alberto González Alonso, director del museo, quien subraya que este relato constituye uno de los milagros más populares asociados al patrón madrileño.

El director detalla que el hijo de San Isidro cayó al pozo mientras jugaba. Ante la alarma de Santa María de la Cabeza, esposa del santo, San Isidro comenzó a rezar hasta que el agua subió milagrosamente y devolvió al niño hasta el brocal.

El pozo se localiza en el antiguo Palacio de los Condes de Paredes de Nava, un edificio históricamente vinculado a la familia Vargas, a la que la tradición atribuye haber empleado a San Isidro como trabajador.

“La gente pensó desde la canonización de San Isidro, en el siglo XVII, que las habitaciones donde vivió el santo estaban en este palacio, por lo que la existencia de un pozo encajaba perfectamente con la historia del milagro”, señala González.

Sin embargo, el director del museo advierte que existen distintas teorías sobre la ubicación del auténtico Pozo del Milagro, puesto que varias propiedades relacionadas con los Vargas disponían de pozos propios. Otro de esos pozos se encuentra actualmente en la Biblioteca Iván de Vargas, en la calle San Justo. González recuerda que era frecuente que las casas del Madrid medieval contasen con pozo, ya que el agua se extraía directamente de los acuíferos de la ciudad.

El pozo conservado en el museo mantiene todavía agua en su interior y alcanza una profundidad de 22 metros. Según explica González Alonso, originalmente tenía unos 16 metros de profundidad, aunque posteriormente tuvo que profundizarse para volver a alcanzar el nivel freático.

“Lo que conservamos es el revestimiento original de ladrillo que baja hasta la veta de agua”, detalla el director del museo.

La devoción en torno a San Isidro transformó este antiguo palacio en un lugar de culto popular tras la canonización del santo en el siglo XVII. En su interior aún se conserva una capilla decorada en el siglo XVIII, vinculada a la creencia de que allí residió y murió el patrón madrileño.

Aunque el pozo está ligado a uno de los milagros más conocidos de San Isidro, González Alonso aclara que a sus aguas no se les atribuyen propiedades milagrosas. Esa consideración recae sobre la fuente situada junto a La Ermita de San Isidro, en la pradera madrileña, cuya tradición se remonta al siglo XII.

Conforme a la tradición popular, San Isidro hizo brotar ese manantial al clavar su aguijada en el suelo para dar de beber a su señor, Iván de Vargas. La costumbre de acudir a beber de estas aguas originó con el tiempo la romería de San Isidro, que siglos después se convirtió en una de las celebraciones más populares de Madrid.