
El matemático acusa a la empresa de presionar para excluir a su colega de Anthropic y cuestiona la transparencia sobre el uso de datos de investigación.
Tristan Buckmaster, investigador del Courant Institute de la Universidad de Nueva York, ha denunciado que OpenAI ejerció presiones sobre él tras anunciar ambas partes avances independientes en la resolución de uno de los Problemas del Premio del Milenio. El matemático pasó un año trabajando sin presupuesto institucional junto a Levent Alpöge, investigador de Anthropic, para abordar una cuestión abierta en mecánica de fluidos relacionada con la ecuación de Navier-Stokes.
Con el apoyo de modelos de inteligencia artificial como Claude de Anthropic y Codex de OpenAI, Buckmaster y Alpöge lograron demostrar un resultado que la comunidad científica llevaba años persiguiendo. La investigación se apoyó en el trabajo previo de los matemáticos españoles Diego Córdoba y Luis Martínez-Zoroa, del ICMAT-CSIC, quienes habían explorado esa vía durante tiempo.
El conflicto estalló a principios de septiembre, cuando Buckmaster supo que OpenAI conocía sus avances. Decidió avisar a la compañía de que publicaría sus resultados en breve, dado que había empleado sus modelos como herramienta de trabajo. La respuesta de los directivos de OpenAI fue revelarle que un modelo interno propio había resuelto un problema mayor y relacionado con Navier-Stokes, y proponerle coordinar el anuncio conjunto.
La negociación se rompió por una exigencia que Buckmaster no estaba dispuesto a aceptar: OpenAI puso una condición que Buckmaster rechazó, que era excluir a Alpöge de la colaboración por pertenecer a Anthropic, su competidor directo. El matemático advirtió que haría público lo ocurrido. Las respuestas de los ejecutivos de OpenAI fueron, según su relato, de carácter intimidatorio, lo que le llevó a publicar un documento con su versión de los hechos.
Buckmaster ha señalado también la opacidad de OpenAI sobre el origen de su propio avance. Preguntó a la compañía si su modelo interno se había nutrido de las sesiones privadas que los investigadores guardaron en Codex durante el año de trabajo, pero no obtuvo una respuesta clara. OpenAI indicó que "no consultaba los datos de los usuarios", aunque no aclaró si esas sesiones habían servido para entrenar sus modelos.
Buckmaster sostiene además que OpenAI se atribuiría un mérito científico que corresponde en buena medida a Córdoba y Martínez-Zoroa, autores del marco teórico fundamental sobre el que se sustentó el año entero de investigación.
En su comunicado sobre Navier-Stokes, OpenAI afirma que no reclamará el Premio del Milenio y reconoce la prioridad del trabajo de Buckmaster y Alpöge. Niega haber accedido a datos concretos de los usuarios para obtener su resultado, aunque admite que no puede descartar que "datos anonimizados derivados" de ese uso ayudaran a entrenar sus modelos. La compañía rechaza también la versión de Buckmaster sobre las presiones.
Para Buckmaster, este episodio ilustra los dilemas éticos que entraña investigar con herramientas de grandes tecnológicas en un momento en que la colaboración entre un matemático y un modelo de IA puede lograr en semanas lo que antes habría exigido años de trabajo.
Estas preguntas han sido generadas por inteligencia artificial para favorecer el diálogo y la reflexión.
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¿Te parece justificada la preocupación de Buckmaster sobre los conflictos de interés cuando investigadores colaboran con herramientas de grandes tecnológicas rivales?
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