La Asamblea de Madrid ha dado un paso que merece reconocimiento, no la crítica fácil de quienes ven en cualquier ayuda a la familia una amenaza a sus propias reivindicaciones.
La Asamblea de Madrid aprueba este jueves una ley que reconoce al concebido no nacido como "un miembro más de la unidad familiar". Y frente a la puerta, como suele ocurrir, había una pancarta y un megáfono.
No es la primera vez que veo este patrón. Se aprueba una medida que amplía derechos, que reconoce algo tan elemental como la vida antes de nacer, y automáticamente aparece alguien dispuesto a llamarla "pantomima".
Esta vez le tocó a la Plataforma Laboral de Escuelas Infantiles.
Su portavoz, Lucía Martínez, lo dijo sin rodeos: "muchas criaturas que ya están nacidas no tienen ayudas". Y tiene razón en eso. Nadie discute que faltan plazas públicas, que los alquileres asfixian a las familias jóvenes o que la gratuidad de los comedores escolares sería una ayuda real y tangible.
El problema no es lo que pide. El problema es cómo lo pide.
Convertir la defensa legítima de más plazas y más comedores en un ataque contra una ley que reconoce al no nacido no es reivindicación: es politización. Es coger una causa justa y usarla como ariete contra otra causa que no le hace ningún daño.
Nadie ha explicado todavía por qué reconocer al embrión como parte de la familia le resta un euro a la escuela infantil de la esquina. Nadie ha explicado por qué apoyar la maternidad y la paternidad desde el primer instante compite con abrir más plazas públicas. Porque no compite. Son dos políticas distintas, dirigidas a momentos distintos de la misma vida familiar, y tratarlas como rivales es, como mínimo, una simplificación interesada.
El argumento de "primero los que ya han nacido" se podrá gritar muy bien con un megáfono, pero resiste mal un análisis honesto de cinco minutos.
Las familias necesitan las dos cosas. Necesitan que se reconozca su decisión de tener hijos desde el momento en que empiezan a tenerlos, y necesitan también plazas, comedores y ayudas a la vivienda cuando esos hijos ya están correteando por casa. Plantearlo como un "o esto o lo otro" no ayuda a nadie, y mucho menos a las familias en cuyo nombre se protesta.
La pregunta que lanzó la plataforma frente a la Asamblea, "¿qué medidas presenta nuestra presidenta para la infancia ya nacida?", es legítima y merece respuesta. Pero exigir esa respuesta no obliga a descalificar la que ya se ha dado para la infancia por nacer.
Se puede pedir más. Se puede exigir más. Lo que no se puede hacer, o al menos no debería hacerse sin que alguien lo señale, es despreciar lo que sí se ha conseguido solo porque no lo ha conseguido quien uno querría.
Madrid no necesitaba otro movimiento reivindicativo ideologizado.
Madrid Actual no se hace cargo de las opiniones de sus colaboradores, que no tienen por qué coincidir con su línea editorial.
Participa en la conversación con respeto. Tu comentario se publicará automáticamente, aunque podrá ser retirado por la redacción.
Comentarios (0)