Los españoles tendemos a ser bastante 'seguidistas' con las consignas que nos llegan: veo una encuesta publicada este sábado en la que se nos dice que más del 66 por ciento apoya aumentar el gasto militar, incluso a costa de recortar otras partidas, se supone que más 'sociales'.
Cuando el llamado caso "Koldo" empezó a permear en la opinión pública hubo un sonoro rasgado de vestiduras en la Moncloa y en Ferraz.
Pedro Sánchez ríe. Se ríe cuando le preguntan si, visto que no va a sacar adelante los Presupuestos, ha pensado en convocar elecciones.
Perdón por lo quizá exagerado del titular que he elegido para mi comentario.
Llegó Salvador Illa a Madrid, llenó el salón del Círculo de Bellas Artes de adeptos, entre ellos la mayor parte de los ministros del PSOE, y lanzó, a mi juicio, el discurso que debería haber hecho Pedro Sánchez hace un mes.
La tristeza y la alegría son una yunta excepcional sobre la que, en algunas ocasiones, aramos el campo de la vida.
Nos quejamos micho de los políticos que tenemos -con bastante razón-, de su falta de capacidad para el diálogo, de su decisiones al borde de la legalidad, o saltándosela, de las componendas permanentes para seguir en el poder, de los pactos y las cesiones poco confesables, de la opacidad de sus decisiones, del intento permanente de colonizar las instituciones, las empresas públicas y hasta las privadas, de lo que mienten, del interés permanente en destruir al contrario, de la escasa atención que prestan a las necesidades reales y a los problemas de los ciudadanos, de lo que cobran o de lo que roban, de la corrupción y los líos, de aprovechar el dinero público para sus intereses personales, incluso colocando "novias" en empresas públicas, de defender una cosa un día y la contraria al día siguiente, de la falta de democracia interna en los partidos para que sólo el que manda pueda hacer lo que quiera, del descrédito del Parlamento, de la utilización sectaria de instituciones como la Fiscalía General del Estado, el Tribunal Constitucional, el CIS, el Poder Judicial, del reparto de los inmigrantes menores por interés político y no para solucionar el problema.
El ex presidente de Filipinas Rodrigo Duterte (la masacre como inhumana herramienta en su singular cruzada contra el narcotráfico) ya está a disposición del Tribunal Penal Internacional de La Haya, donde será juzgado por crímenes contra la humanidad.
Carlos Mazón ha acreditado sobradamente que es capaz de cualquier cosa, salvo de estar a la altura del cargo público en el que se apalanca, de decir la verdad y de asumir responsabilidades, pero que sea capaz también de negar el cambio climático cuyos efectos anegaron el sur de Valencia, cobrándose centenares de víctimas mortales y dejando un volúmen incalculable de destrozos, rebasa toda capacidad humana de ser absolutamente incapaz.
El Imperio Británico se sostuvo durante siglos aplicando un famoso lema de Lord Palmerston que iba directamente al grano: "Gran Bretaña no tiene ni amigos permanentes, ni enemigos permanentes, solo tiene intereses permanentes".
Asisto al rifirrafe, un diálogo para besugos más, entre el Gobierno y la oposición en la sesión de control parlamentario.
Desde la perspectiva de un náufrago que bracea con el agua al cuello lo normal es que intente aferrarse a lo que sea con tal de que flote.
El gobierno de Pedro Sánchez ha subido desde que llegó a La Moncloa más de 90 impuestos.
Espero muy de veras equivocarme en lo que a continuación voy a escribir.
"Aprobar los presupuestos es la primera y principal obligación de un Gobierno, porque sin presupuestos no hay nada que gobernar" le afeaba Pedro Sánchez a Mariano Rajoy en 2018.
Todo apunta a que la verdad judicial se llevará por delante a Carlos Mazón. Se quedaría en la calle con lo puesto y su oficio de abogado.
Sánchez, el desenterrador de momias franquistas de siglo pasado, quiere enterrarnos la memoria doliente del Covid, al igual que quiere hacer con la sangrienta de ETA.
El Gobierno se esfuerza en convencer a la gente de que el anunciado incremento del gasto en Defensa no supondrá una retracción en los recursos destinados a política social, esto es, al bienestar de la mayoría, y en su argumentación alude a un misterioso fondo sin fondo, del que se pueden sacar los dineros sin que las cuentas del Estado sufran merma ninguna.
Claro, la memoria es selectiva, y quién se acuerda ya de que hace treinta y nueve años, un 12 de marzo de 1986, se celebraba el referéndum sobre la permanencia o no de España en la OTAN, tras el viraje del Gobierno de Felipe González, primero predicando el 'no' y después, convenientemente 'asesorado' por Reagan desde los Estados Unidos, por el 'sí'.
'Asesino' es una palabra que, como 'verdugo', despierta siempre en mí oscuros temores, una repugnancia inevitable.
En su discurso de ingreso como académico de honor en la Real Academia Europea de Doctores ("La agonía del Estado", jueves, 13 marzo), sostuvo Fernando Ónega que "el Estado se confunde cada vez más con el gobierno, el gobierno acepta complacido esa confusión y el resultado produce monstruos".
La democracia es un sistema en el que los actos de los gobernantes están sometidos al control de los parlamentos y al escrutinio de la opinión pública, que se informa a través de los medios de comunicación.
Conocí a Marcelo Rebelo de Sousa hace más de cincuenta años, al aterrizar, periodista jovencísimo y novato, en la Lisboa de la 'revolución de los claveles'.
Nadie puede decir que una persona que ha logrado una de las mayores fortunas del mundo sea tonto.