“Tinta y sangre” dibujando la existencia

“Tinta y sangre” dibujando la existencia

Tras haber sido la primera mujer asiática en ganar el Premio Nobel de Literatura, dos años después Han Kang (Corea del Sur, Gwangju, 1970) llega con su siguiente libro. Al igual que en obras anteriores, en “Tinta y sangre” (Random House, 2026) cuenta una historia a través de una protagonista atravesada por la soledad. La surcoreana sigue contribuyendo a su línea literaria desde la cual explora la experiencia humana, hasta sus más ocultos recovecos. “La clase de griego” (2023) fue una de sus obras mejor valoradas en donde, aparte de su peculiar estilo, se reflejaba su tono oscuro. 

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“Tinta y sangre” gira en torno a la muerte –aparentemente un suicidio– de Inju, una reconocida artista en Corea del Sur, y a su mejor amiga Cheonghee, quien trata de mostrar que la muerte de Inju no fue autoinfligida. Otro personaje de la obra es Kang Seogwoon un crítico de arte que pretende publicar una biografía de Inju en donde sostiene la tesis del suicidio. Cheonghee descubre que Seogwoon había intimado con su amiga más de lo que creía… lo cual la lleva a obsesionarse con investigar la verdad de la muerte de su amiga, y, con ello, conocer aspectos de la vida de Inju que desconocía. Este thriller se basa la búsqueda de la verdad como motivo existencial.

Esta historia no es solo una novela de misterio, sino que está envuelta en muchas más capas que se van destapando a lo largo de las memorias de Cheonghee y, paralelamente, a las confesiones de Kang Seogwoon. Tampoco es un thriller convencional donde todo está directa y precisamente conectado con la explicación de la situación, ya que la autora se preocupa por detenerse en los aspectos más circundantes al desarrollo de la acción. El libro está lleno de poesía, de sentimentalismo, de dolor y resentimiento personal. Con todo ello, Han Kang hace que conectemos profundamente con la protagonista y que entendamos la emocionalidad que encarnan sus vínculos con el resto de personajes.  

Así pues, la novela negra es únicamente el traje que utiliza para vestir la historia, pero en realidad, el trasfondo del desarrollo es mucho más fructífero. Invita a reflexionar sobre la amistad, el duelo, la soledad, los amores prohibidos, el arte en sus diferentes percepciones… Han Kang consigue situar al lector en el lugar de la protagonista a través de flashbacks sobrevenidos que interrumpen el desarrollo lineal de la historia. Además, gracias a su estilo expositivo-narrativo es posible percibir sus ensoñaciones con cierto nivel de sentido al sinsentido de todo lo etéreo que lo rodea.  

Todos estos “desaciertos racionales” de la autora revelan la pregunta que se asoma durante todo el texto: ¿Cómo seguir adelante sin descanso para parar?”. Este sentido de humanización es posiblemente lo que más acerque al lector con la protagonista. Lo que empieza como un intento ciego de defensa y constatación, acaba demostrando pruebas paralelas y verdades incómodas de asumir. Un traspiés del tiempo al tiempo que llevara al desasosiego de las heridas abiertas que deja la muerte a su paso. 

“Tinta y sangre” no será la obra más reconocida de Kang, pero es quizá la más visceral. En ella ya no hay medias tintas, ni circunferencias alrededor de un sentido profundamente esotérico en lo humano. Más bien se basa en una honestidad dolorosamente verdadera y perceptible que llama a una vivencia constantemente existencial. Esta última obra es la pieza indispensable que reafirma el lugar determinante al que llegó la autora. 

@estaciondecult