Lo que para muchos es un plan cotidiano —ir a un museo, disfrutar de la piscina o acudir a un campamento— no siempre está al alcance de las personas con discapacidad intelectual o trastorno del espectro autista (TEA). Para dar respuesta a esta realidad nació en 1999 la Asociación Antares, impulsada por familias que buscaban un ocio inclusivo y un respiro en su día a día.
Casi tres décadas después, la entidad se ha consolidado como una referencia en Madrid, con más de 4.400 familias atendidas, 2.080 actividades organizadas y cerca de 1.000 voluntarios implicados en sus programas. Además, ha desarrollado 920 días de campamentos desde su creación.
Su presidenta, Beatriz Alcaraz, subraya la importancia de este servicio: “Tener una persona con discapacidad requiere muchísima atención. Por mucho que los queramos, necesitamos a veces desconectar nosotros de ellos y ellos de nosotros”. La asociación trabaja especialmente con personas con graves trastornos de conducta y necesidades de apoyo intensas, ofreciendo alternativas de ocio fuera de entornos institucionales.
Antares apuesta por un modelo de atención individualizado, en el que profesionales y voluntarios adaptan las actividades a las necesidades de cada usuario. En su sede, los participantes pueden realizar desde clases de baile hasta talleres de cocina o actividades deportivas.
Durante 2024, la entidad atendió a 159 personas, organizó 326 días de actividad, ofreció 773 plazas de ocio en fines de semana y celebró 46 días de campamentos urbanos, además de contar con 70 voluntarios.
“Queremos que sea un ocio comunitario, que no estén apartados. El ocio es un derecho. Queremos que puedan hacer amigos y disfrutar de la sociedad”, destaca Alcaraz. Entre los destinos de sus viajes se encuentran ciudades como Marbella, Tarragona, Gijón, Santiago de Compostela o enclaves de la Comunidad de Madrid.
Para muchas familias, Antares se convierte en un apoyo fundamental. Es el caso de Pili, usuaria desde los 8 años y que ahora tiene 35. “Es su segunda casa. Cada vez tiene más autonomía”, explica su tía, que destaca la confianza en el equipo de la asociación.
El acceso a las actividades comienza con una evaluación individual realizada por una trabajadora social, que determina qué propuestas se adaptan mejor a cada persona. Además, la asociación ofrece programas de fin de semana, actividades extraescolares y planes puntuales como salidas de ocio o meriendas.
El voluntariado es uno de los pilares de Antares. En 2024, la entidad acogió a 78 alumnos en prácticas y desarrolló proyectos de voluntariado inclusivo que sumaron más de 2.500 horas de dedicación.
La directora, Paz Casillas, destaca que cada vez más centros educativos colaboran con la asociación, permitiendo a los jóvenes participar en actividades sociales. “El que se enamora de este lugar, se queda”, afirma.
Además de las actividades, Antares ofrece información, asesoramiento y apoyo a las familias que llegan por primera vez. Aunque la sociedad ha avanzado en inclusión, desde la entidad recuerdan que aún queda camino por recorrer para garantizar una plena integración de las personas con discapacidad en todos los ámbitos.