Uno de cada tres madrileños no puede cubrir los gastos básicos

Uno de cada tres madrileños no puede cubrir los gastos básicos

Sigue a MadridActual en Google
Añadir a mis fuentes favoritas

La dificultad para llegar a fin de mes se consolida en la Comunidad de Madrid. Un 33% de los ciudadanos reconoce no poder afrontar con holgura los gastos esenciales del hogar, según el III Barómetro ‘Planeta Propietario’, elaborado por Grupo Mutua Propietarios. El dato refleja una presión creciente sobre las economías domésticas en un contexto marcado por el encarecimiento de la vida y la pérdida de capacidad adquisitiva.

El impacto no se distribuye de manera uniforme. Los jóvenes, las familias numerosas y quienes viven de alquiler aparecen entre los más afectados, aunque la situación resulta especialmente preocupante entre los hogares con menores ingresos. En estos casos, el peso de los gastos básicos alcanza niveles difícilmente sostenibles, obligando a muchas familias a ajustar su día a día con escaso margen de maniobra.

El gasto medio mensual en el hogar se situó en 1.384,2 euros, lo que supone una ligera caída respecto al año anterior. Sin embargo, esta reducción no se traduce en alivio, ya que el esfuerzo económico que representa se ha incrementado hasta absorber el 46,2% de los ingresos familiares. La comparación con el Salario Mínimo Interprofesional resulta especialmente reveladora: un hogar que depende exclusivamente de este ingreso necesitaría destinar más de la totalidad de su salario para cubrir los gastos básicos.

El análisis pormenorizado muestra una leve moderación en algunos capítulos. Los gastos energéticos registran la mayor caída, con un descenso del 5,8%, mientras que la cesta de la compra también se reduce ligeramente. No obstante, el coste de la vivienda continúa su tendencia ascendente, con un incremento del 0,6%.

El alquiler se mantiene como la principal carga económica, muy por encima de la hipoteca, lo que evidencia la creciente dificultad de acceso a una vivienda en propiedad y la dependencia de un mercado arrendatario tensionado. Este desequilibrio contribuye a agravar la sensación de inseguridad económica entre amplias capas de la población.

Ante este escenario, las familias han modificado sus estrategias de ahorro. Lejos de grandes recortes visibles, optan por ajustes cotidianos que pasan más desapercibidos pero que, acumulados, permiten sostener el presupuesto. La compra de marcas blancas gana protagonismo, junto con la reducción del consumo de productos frescos.

Este desplazamiento hacia decisiones diarias refleja un cambio de mentalidad forzado por la incertidumbre económica. También pone de manifiesto una realidad persistente: el esfuerzo por mantener un nivel de vida digno recae cada vez más en la capacidad de adaptación de las familias, mientras el acceso a bienes básicos como la vivienda continúa tensionado.