La capital vivió su día grande con la entrega de Medallas de la Ciudad, la misa en la Pradera y los mensajes políticos sobre el Madrid “castizo y mestizo”
Madrid celebró su día grande, San Isidro, pendiente del cielo para evitar la lluvia y con el refranero como compañero: “San Isidro Labrador, quita el agua y pon el sol”. La jornada combinó tradición, música y reconocimientos públicos con un hilo conductor político: el papel de la capital como ciudad abierta y de acogida.
El alcalde José Luis Martínez-Almeida situó en el centro de su discurso la “concordia” que, a su juicio, Madrid promueve como capital de España. Una idea que resonó también en las intervenciones de otros actores políticos presentes en la jornada, cada uno con su propia lectura del carácter madrileño.
La portavoz de Más Madrid, Rita Maestre, subrayó que la ciudad “no exige a nadie ocho apellidos madrileños” para vivir y trabajar en ella, porque en Madrid “caben todos los acentos”. Desde el PSOE, la portavoz Reyes Maroto reivindicó “el Madrid de la clase trabajadora y de los migrantes”, una visión que conectaba con el mensaje general de inclusión.
Carlos Díaz Pache, portavoz del PP en la Asamblea, definió la identidad madrileña como una ciudad “castiza y mestiza”. Este concepto atravesó toda la ceremonia de entrega de las Medallas de la Ciudad en el Palacio de Cibeles, donde se reconoció a figuras de distintos ámbitos.
Entre los galardonados figuraron el científico Mariano Barbacid y la familia de actores Guillén Cuervo. El deporte también tuvo presencia con Koke, capitán del Atlético de Madrid, y Sergio Llull, escolta del Real Madrid de baloncesto.
El Palacio de Cibeles se llenó de música que mezcló lo clásico con lo contemporáneo. Sonaron piezas tradicionales como ‘Suspiros de España’ junto a propuestas renovadas, como el chotis tecno de DJ Nano. También interpretó ‘Madrid’, de Pereza, Rubén Pozo, exmiembro del grupo.
Almeida, a pesar de estar resfriado, defendió un “Madrid de concordia” y enfatizó la “responsabilidad de acoger a todos”. Su discurso encontró respaldo en asistentes como la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y el presidente del Real Madrid, Florentino Pérez.
La siguiente parada fue la Pradera de San Isidro, en el distrito de Carabanchel, donde el arzobispo de Madrid, José Cobo, puso el acento en la figura del “sencillo” labrador. Durante la misa, conectó esa sencillez con la vida cotidiana y con un símbolo tan arraigado como “la tortilla” en la experiencia colectiva madrileña.
Cobo evocó un Madrid “vivo y mestizo” y planteó a los fieles si compensa una existencia de “más ruido o de más alma”. La celebración religiosa tuvo también como referencia la próxima visita del Papa León XIV a la ciudad, prevista para dentro de dos semanas.
La llegada de Almeida a la Pradera estuvo marcada por los selfis con vecinos. Con el tiempo justo para asistir a la misa, el alcalde se detuvo para posar con quienes se lo pidieron, acompañado por la vicealcaldesa Inma Sanz y el delegado de Urbanismo, Medio Ambiente y Movilidad, Borja Carabante. También acudió la delegada de Cultura, Marta Rivera de la Cruz, ataviada con mantón de Manila y vestido chiné.
La Pradera volvió a funcionar como escenario político. A un año de las elecciones madrileñas y a pocos días de los comicios andaluces, circularon por el espacio la ministra de Sanidad, Mónica García; el ministro de Transformación Digital y secretario general del PSOE-M, Óscar López; y la portavoz de Podemos en el Congreso, Ione Belarra.
La jornada también acogió distintas reivindicaciones sociales. Trabajadoras de escuelas infantiles con camisetas amarillas reclamaron mejoras laborales, mientras que colectivos defendieron la sanidad pública. Vecinos de Aluche protestaron contra las obras que el Ayuntamiento prevé en el patio del CEIP Amadeo Vives para construir un centro de mayores.