Los vestidos de chulapa vuelven a estar de moda entre los jóvenes en Madrid

Los vestidos de chulapa vuelven a estar de moda entre los jóvenes en Madrid

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Los talleres madrileños registran un aumento de encargos por San Isidro con diseños más coloridos, mayor vuelo y confección artesanal.

Los talleres de vestidos de chulapa en Madrid experimentan un repunte inesperado de encargos coincidiendo con la festividad de San Isidro, impulsado principalmente por jóvenes que desean recuperar la tradición castiza con propuestas de diseño más coloridas, mayor movimiento y confección artesanal.

Ainhoa Martín, responsable de Talleres Riaza, confirma que este año han recibido un 75% más de pedidos que en 2025. Según explica, cada vez hay más público joven interesado en vestir de chulapo y chulapa durante las fiestas, lo que está contribuyendo a recuperar y poner de moda esta tradición madrileña.

La temporada de encargos comienza en febrero y se intensifica rápidamente. “Comenzamos a dar citas, coser y probar y para la primera semana de mayo ya hemos rechazado encargos porque estamos desbordadas”, subraya Martín.

Este año el taller ha iniciado su actividad antes que nunca. Ubicado en Puente de Vallecas, Talleres Riaza funciona con un equipo de cuatro mujeres, dos de ellas incorporadas específicamente para esta temporada. Martín describe la confección de estos trajes como “súper divertida y súper bonita”.

Aunque San Isidro concentra el mayor volumen de trabajo, el taller también confecciona trajes para las fiestas de La Paloma en agosto, aunque en menor escala.

Los vestidos de Talleres Riaza se distinguen, según Martín, por “el ajuste favorecedor, el vuelo y los detalles de las mangas abullonadas”. La costurera, vasca con madre gata que llegó a Madrid con seis años, defiende que el movimiento del vestido constituye una parte fundamental del traje.

“Siempre damos mucho vuelo a los vestidos. Es esencial que tengan gracia cuando se mueven”, señala. Para lograrlo trabajan con telas de alta calidad, remates, puntillas y hechuras que buscan diferenciar sus diseños de los de otros talleres o tiendas.

El tiempo de confección varía según el modelo y los adornos seleccionados. Un vestido puede requerir hasta ocho horas continuas de trabajo. El proceso inicia con la toma de medidas, el diseño del patrón y una primera prueba con la clienta.

Un vestido básico hasta la talla 47 cuesta 190 euros, mientras que de la talla 48 a la 64 asciende a 210 euros.

El taller también apuesta por los complementos tradicionales del traje de chulapa: bolso limosnera, pañuelo y flores. En años anteriores trabajaron con mantones de Manila bordados, una línea que esperan “recuperar” próximamente.

Para Martín, la parte más complicada del traje es el delantero, donde se concentran todos los adornos. También insiste en la importancia del color en una festividad como San Isidro.

“Es bonito recordar las raíces en una fiesta tan alegre como San Isidro. Muchos jóvenes visten siempre de negro, blanco o gris, así que siempre les incluyo un color en el traje. La pradera hay que iluminarla con luz y color”, afirma la costurera.

Talleres Riaza nació hace 35 años, cuando la madre de Martín comenzó a coser vestidos de chulapa. “Mi madre tenía un taller y cosía los vestidos que una señora que regentaba una tienda le encargaba. Cuando esa mujer se jubiló, mi madre se quedó con la tienda en 2015 porque era su sueño”, relata.

La tienda ya llevaba el nombre de Talleres Riaza. La pandemia obligó a cerrar el negocio en 2020, pero la demanda de clientas, los vestidos que quedaron sin vender y el creciente interés juvenil por la moda castiza devolvieron la ilusión a Martín, quien reabrió en 2023 en el actual taller.

Desde entonces, las máquinas no han parado. Sin página web, el principal escaparate de Talleres Riaza es Instagram, desde donde han llegado pedidos incluso para Barcelona y Transilvania. El boca a boca entre vecinos, familiares y amigos sigue siendo otro canal clave.

“La Maja de la Casa de Madrid en Barcelona, la representante castiza en actos y fiestas de San Isidro, nos pidió un traje para este año que enviaremos por correo y en otra ocasión enviamos un vestido a Transilvania para que una madrileña que vivía allí lo luciese en una fiesta”, destaca Martín.

Aunque le gustaría tener TikTok o página web, reconoce que el volumen de trabajo lo hace complicado. “No nos da la vida”, confiesa, por las largas jornadas y los fines de semana de actividad. “Si fuese una cosa que te puedes dedicar todo el año, te puedes distribuir de otra manera, pero de esta forma, todos los pedidos vienen a la vez, siendo la última semana una locura”, explica.

Algunos vestidos también se venden en Wallapop, especialmente los sobrantes de 2020. Además, este año el taller ha participado por primera vez en un desfile organizado por Mazo de Madrid, un movimiento que reivindica la moda castiza y las tradiciones populares.