El ministro para la Transformación Digital y de la Función Pública y secretario general del PSOE-M, Óscar López, se ha ratificado este viernes en sus críticas al expresidente de Aragón Javier Lambán, ya fallecido, y ha descartado pedir perdón por unas declaraciones que han sacudido al socialismo aragonés tras el batacazo electoral del pasado domingo. López ha insistido en que se trata de una “reflexión política” nacida de una “discrepancia” mantenida “siempre”, aunque formulada, según ha defendido, con el “máximo respeto personal”.
En el Centro de Proceso de Datos de la Policía en El Escorial, el ministro ha sido preguntado por sus palabras del día anterior, cuando señaló a Lambán como uno de los responsables del clima interno que habría perjudicado a la candidata socialista en Aragón, Pilar Alegría, y vinculó esa situación al resultado del 8 de febrero. Ante la posibilidad de rectificar por respeto a la familia del exdirigente, López se ha mostrado tajante: “Nadie me va a dar lecciones de respeto al señor Lambán”, ha zanjado.
La polémica llega en plena digestión del resultado en Aragón, donde el PSOE ha igualado su peor registro histórico en escaños y se ha quedado en la oposición, con una campaña marcada por tensiones internas y por la erosión del voto socialista. En las últimas horas, voces del propio partido en Aragón han reclamado una rectificación pública por lo que consideran un ataque innecesario a quien presidió la comunidad durante años y mantuvo un peso político indiscutible.
López, sin embargo, ha vuelto a separar el plano personal del político. Ha afirmado que conoció a Lambán, que le apreció y que le respetó en vida, y que lo sigue respetando hoy. Aun así, ha reiterado que mantiene una discrepancia “con determinada línea política” y que no piensa renunciar a expresarla.
En un giro llamativo, el ministro se ha declarado de acuerdo con Emiliano García-Page, que había pedido disculpas por lo ocurrido y había reclamado “alma” en el debate interno. López ha recogido esa idea para situarse en el terreno moral: “No se puede ser buen político y mala gente”, ha dicho, al tiempo que ha añadido que dedica buena parte de su vida a impedir que “la mala gente” ocupe la política.
El trasfondo es evidente. La disputa no es sólo por una frase desafortunada ni por una mala noche electoral: es el viejo choque entre el aparato y los barones, entre el mando orgánico y quienes han defendido posiciones distintas desde sus territorios. Y el hecho de que el señalado ya no pueda responder convierte el golpe en algo especialmente áspero, también en términos humanos.
La dirección aragonesa ha intentado contener el incendio. Pilar Alegría ha evitado entrar al choque directo con el ministro, pero ha reivindicado el legado de Lambán y ha advertido de que buscar culpables no conduce a una salida política seria. En el partido, el malestar ha ido más allá del debate de estrategia: afecta a la memoria y al respeto debido a una figura que, con luces y sombras, formó parte del socialismo institucional aragonés durante décadas.
Preguntado por la insinuación del ministro Ángel Víctor Torres sobre si Felipe González debería seguir en el PSOE, Óscar López ha evitado pronunciarse, alegando que no había escuchado esas declaraciones. También ha eludido comentar el mensaje público de Alegría en el que calificaba de “error” señalar a unos u otros como responsables del resultado.