El Gobierno ha ordenado el cierre del espacio aéreo español a los vuelos de aviones implicados en la ofensiva militar contra Irán, en el marco de la operación llamada ‘Furia Épica’, impulsada por Estados Unidos e Israel, según han adelantado este lunes varios medios y han confirmado fuentes del Ejecutivo. La medida se aplica tanto al uso de las bases militares de Rota y Morón como al despegue y sobrevuelo por territorio español de aeronaves militares vinculadas a esa campaña, incluidas las procedentes de instalaciones situadas en Reino Unido o Francia.
La decisión supone un paso más en la posición mantenida por el Ejecutivo de Pedro Sánchez desde el inicio de la crisis. España no solo rechaza facilitar el empleo de sus bases militares para la ofensiva, sino que amplía ahora esa negativa al tránsito aéreo de aparatos relacionados con las operaciones contra la República Islámica. El Gobierno sostiene así una línea de oposición frontal a una intervención que considera contraria a su posición política y diplomática.
La respuesta de Washington ya había sido dura en las últimas semanas. A principios de marzo, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reaccionó públicamente a la negativa española sobre Rota y Morón con un mensaje de abierto desaire al Ejecutivo. El mandatario aseguró que su país podría utilizar esas bases “si quisiera” y afirmó que España se había mostrado “hostil”. En ese mismo pronunciamiento, amenazó además con romper las relaciones comerciales con nuestro país.
Trump vinculó esa advertencia no solo al rechazo español a colaborar en la ofensiva, sino también a la negativa del Gobierno de Pedro Sánchez a elevar el gasto en defensa hasta el 5 por ciento del Producto Interior Bruto, una exigencia que la Administración norteamericana viene planteando desde hace meses a varios aliados de la OTAN. El presidente estadounidense llegó a afirmar que no quería “tener nada que ver con España”, endureciendo el tono político y económico frente a Madrid.
La presión política desde Estados Unidos también se dejó sentir en el Senado. El republicano Lindsey Graham propuso el pasado 10 de marzo el abandono de las bases militares de Rota y Morón y su traslado a otro emplazamiento, junto con una revisión de la presencia norteamericana en otros países aliados que no estén colaborando en la protección del estrecho de Ormuz, una infraestructura estratégica por la que pasa cerca del 20 por ciento del petróleo mundial.
La ministra de Defensa, Margarita Robles, respondió entonces rechazando de plano esa hipótesis. La titular de Defensa aseguró que el Gobierno no contempla una retirada de Estados Unidos de las bases españolas y reclamó respeto para la posición de España. Robles defendió que la postura del Ejecutivo es “firme, clara e inequívoca” contra cualquier guerra y subrayó que esa línea no ha cambiado pese al aumento de la presión exterior.
Pese al deterioro político, el Gobierno trata de evitar una ruptura en el terreno económico. El nuevo vicepresidente primero y ministro de Economía, Carlos Cuerpo, ha afirmado este lunes que las relaciones comerciales con Estados Unidos se mantienen con normalidad pese a la guerra de Irán y pese a las amenazas verbales lanzadas por Donald Trump en las últimas semanas.
Carlos Cuerpo ha explicado que siguen produciéndose contactos para reforzar esa relación bilateral y ha citado como ejemplo la reunión que mantuvo el pasado viernes en Madrid con el embajador estadounidense. El ministro ha añadido que España abrirá dos nuevas oficinas comerciales en Boston y Houston para respaldar a las empresas españolas interesadas en invertir en Estados Unidos, principal destino de la inversión exterior española. Esas nuevas delegaciones se sumarán a las ya operativas en Miami, Los Ángeles, Nueva York, Washington y Chicago.
En paralelo, Donald Trump afirmó este domingo que su Administración mantiene negociaciones con Irán “tanto directa como indirectamente”. El presidente estadounidense aseguró además que Teherán permitirá el paso de “20 grandes petroleros” por el estrecho de Ormuz como “muestra de respeto”, pese al bloqueo de facto que la República Islámica habría impuesto en represalia por la ofensiva lanzada el pasado 28 de febrero por fuerzas estadounidenses e israelíes. En ese contexto, la decisión española de cerrar su espacio aéreo refuerza la voluntad del Gobierno de quedar al margen de una escalada militar con consecuencias estratégicas, energéticas y diplomáticas de primer orden.