La Comunidad protege como BIP los restos de la antigua fábrica de Valdemorillo

La Comunidad protege como BIP los restos de la antigua fábrica de Valdemorillo

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La declaración reconoce como Sitio Industrial los elementos conservados de las antiguas fábricas Falcó y Giralt Laporta e incluye hornos, el pudridero de caolín, la torre de la bomba de agua y parte del muro perimetral.

La Comunidad de Madrid ha declarado Bien de Interés Patrimonial (BIP), en la categoría de Sitio Industrial, los elementos conservados de las antiguas fábricas Falcó y Giralt Laporta de Valdemorillo. La medida, publicada este viernes en el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid (BOCM), protege los principales restos industriales que se mantienen del complejo y culmina el expediente iniciado en marzo de 2025 por la Dirección General de Patrimonio Cultural.

La declaración afecta a los hornos Vulcano, Moisés y Progreso, el antiguo pudridero de caolín, la torre de la bomba de agua y parte del muro perimetral de la fábrica, considerados un ejemplo "de especial significación" del patrimonio industrial madrileño y un caso único en la producción cerámica de la región.

La orden se ha resuelto tras el periodo de información pública, la petición de informes a distintas instituciones y la evaluación de las alegaciones presentadas. Entre esos pronunciamientos figuran los de la Real Academia de la Historia y la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, ambos favorables, mientras que las alegaciones formuladas han sido finalmente desestimadas.

Los restos protegidos pertenecen a una de las principales industrias cerámicas históricas de la región, cuya actividad se desarrolló entre mediados del siglo XIX y la Guerra Civil. Durante ese periodo, las fábricas llegaron a emplear a cerca de 200 trabajadores, con un importante impacto económico y social en Valdemorillo.

En la actualidad, los elementos conservados forman parte del entorno de la Casa de la Cultura Giralt Laporta. Según recoge la orden, la declaración persigue preservar estos vestigios como testimonio de la actividad cerámica de la localidad y asegurar la conservación de sus valores históricos, industriales y culturales, además de regular su entorno.

La disposición entrará en vigor al día siguiente de su publicación en el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid. Con ello, queda formalizada la protección patrimonial de los restos conservados del antiguo complejo fabril.

¿Cuál fue el origen de esta industria en Valdemorillo?

Valdemorillo ya contaba en el siglo XVIII con actividad alfarera, vinculada a la presencia de arcillas ricas en caolín en el entorno del río Aulencia. En ese contexto, en 1845 se fundó la 'Sociedad Falcó, Callejo y Compañía', impulsada por Juan Falcó y su socio Felipe del Callejo, en un momento de desarrollo de la producción nacional de loza fina.

La fábrica llegó a emplear a unas 200 personas en una población de alrededor de 1.700 habitantes y desarrolló una producción que incluía vajillas, objetos decorativos y piezas destinadas a usos sanitarios.

Tras la muerte del fundador, la dirección pasó a su hijo, Juan Falcó Sancho, quien impulsó cambios en la producción y en la organización de la empresa. Esa etapa permitió incrementar la fabricación hasta superar el millón de piezas anuales.

Entre los elementos conservados más representativos figuran los hornos de botella, construcciones de planta circular realizadas en ladrillo. De ellos, destaca el horno Vulcano, el más antiguo, construido en la década de 1840, junto a los hornos Moisés y Progreso, levantados ya en el siglo XX.

Junto a estos restos, se conserva el antiguo pudridero de caolín, empleado para la preparación de la materia prima cerámica. También permanece la torre de la bomba de agua, de posible cimentación medieval, que formaba parte del sistema de abastecimiento de la fábrica, además de una parte del muro perimetral del recinto.

¿Cómo evolucionó la fábrica tras el cese de la producción inicial?

La actividad inicial cesó en 1914 por el auge de los productos importados y por un incendio ocurrido en 1902. Un año después, en 1915, la fábrica retomó su actividad bajo la dirección de Juan Giralt Laporta, que orientó la producción hacia la loza dura para laboratorio y el vidrio industrial.

Esa nueva etapa permitió el desarrollo de nuevos productos, entre ellos vidrio resistente al fuego, lo que situó a la fábrica como la primera productora en España de este tipo de piezas, comercializadas bajo la marca VALMA.

Durante la Guerra Civil, las instalaciones fueron destruidas salvo los tres hornos principales, el pudridero de caolín y la torre de la bomba de agua. Esos son los elementos que han llegado hasta la actualidad, ya que tras el conflicto la actividad no volvió a retomarse en Valdemorillo.

En la década de 1990, los terrenos de la antigua fábrica fueron cedidos para la construcción de equipamientos culturales. Desde entonces, los restos conservados se integran en la actual Casa de la Cultura Giralt Laporta y en la Cueva Museo de Cerámica y Vidrio de Valdemorillo (CUMVAL), donde se exhiben piezas vinculadas a la producción histórica del complejo.