Los Seattle Seahawks lograron este domingo su segundo anillo de la NFL tras imponerse con claridad por 13-29 a los New England Patriots en la LX Super Bowl, disputada en el Levi's Stadium de Santa Clara.
El conjunto de Seattle se apoyó en la defensa más sólida del campeonato, que anuló por completo a un rival incapaz de encontrar soluciones ofensivas.
Once años después de la derrota sufrida en 2015, los Seahawks consumaron su revancha frente a New England. En esta ocasión, los Patriots no contaron con Tom Brady, sino con el joven Drake Maye, segundo mejor jugador de la temporada, que no pudo soportar la presión del partido ni el desafío de convertir a la franquicia de Boston en la más laureada de la historia de la NFL. Seis ‘sacks’ y dos intercepciones decisivas marcaron su actuación.
El campeón de la Conferencia Nacional no necesitó un gran despliegue ofensivo para imponer su autoridad. Sam Darnold, ‘quarterback’ de Seattle, firmó un partido irregular (19/38 en pases), pero alcanzó el éxito con el quinto equipo de su carrera. Tampoco brilló su receptor estrella, Jaxon Smith-Njigba, limitado a cuatro recepciones para 27 yardas por la defensa de los Patriots, que se mantuvo en el partido hasta el último cuarto.
La defensa de los Seahawks fue el factor determinante en una Super Bowl sin ‘touchdowns’ hasta el tramo final. En ataque, el protagonismo recayó en Kenneth Walker III, que acumuló 135 yardas terrestres y fue elegido ‘MVP’ del encuentro, pese a no lograr ningún ‘touchdown’.
Desde el inicio, el duelo se transformó en una intensa batalla defensiva. Los ataques apenas encontraron espacios y ambos ‘quarterbacks’ sufrieron constantemente la presión rival. Maye llegó al descanso con tres ‘sacks’ y un 6/11 en pases, mientras que Darnold, aunque evitó ser placado, firmó un discreto 9/22.
Tampoco destacó Smith-Njigba en la primera mitad, en la que solo registró una recepción, bien controlado por Christian González, quien incluso evitó un posible ‘touchdown’ en los segundos finales antes del descanso.
En ese contexto, Walker III fue el jugador más productivo. El corredor de Seattle acumuló 94 de las 183 yardas totales del equipo en los dos primeros cuartos, superando por sí solo a todo el ataque de los Patriots, que no lograron imponer su juego terrestre.
El dominio de Seattle no se tradujo en anotaciones mayores antes del descanso gracias a La Resistencia defensiva del equipo de Mike Vrabel, que minimizó daños tras el primer ‘drive’ y dejó el marcador en 0-9 al intermedio, aunque con evidentes dificultades ofensivas para aspirar a la remontada.
Tras el espectáculo del descanso protagonizado por ‘Bad Bunny’, los Seahawks regresaron con mayor intensidad. Un buen ‘drive’ solo añadió tres puntos más al marcador por nuevas imprecisiones de Darnold, pero el 0-12 ya suponía una desventaja cercana a dos ‘touchdowns’.
Los Patriots continuaron sin respuestas en ataque. Ni siquiera pudieron Sumar un ‘field goal’ y, pese al esfuerzo defensivo, el quinto ‘sack’ a Maye terminó en ‘fumble’ y pérdida de balón, acercando aún más a Seattle al título y alejando a New England de su séptimo anillo histórico.
En el último cuarto, los Seahawks sentenciaron el partido. Darnold conectó con AJ Barner para anotar el primer ‘touchdown’ tras casi tres horas de juego, ampliando la ventaja a 0-19 con poco más de 13 minutos por disputarse.
El ‘touchdown’ de Mack Hollins (7-19) y la recuperación inmediata de la posesión devolvieron una leve esperanza a los Patriots. Sin embargo, dos nuevas intercepciones de Maye, la última culminada con un ‘touchdown’ de Uchenna Nwosu, certificaron la derrota de New England y la consagración definitiva de los Seahawks, campeones de nuevo doce años después de su triunfo ante los Denver Broncos.