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El “mal dormir” de David Jiménez Torres 

El “mal dormir” de David Jiménez Torres 

“Quise dar cuerpo en forma de palabras a aquellas horas de vigilia durante la noche, a esa nube de cansancio durante el día”. 

David Jiménez Torres (Madrid, 1986) reúne en su trayectoria el oficio de profesor universitario, doctor en Estudios Hispánicos y escritor de un repertorio donde caben ensayos, columnas, novelas −“Salter School” (2007), “Cambridge en mitad de la noche” (2018)−, una monografía sobre Ramiro de Maeztu (2018) y, publicado recientemente, “El mal dormir” (Libros del Asteroide, 2022). La reseña del mismo cuenta ya con unas semanas de vida y puede encontrarse aquí.

En su última obra, el periodista aborda de manera autobiográfica y documentada la odisea que supone descubrirse como un “maldurmiente”. De hecho, es en esta cuestión terminológica donde da comienzo la entrevista: ¿insomne o maldurmiente? En el libro se asume esta distinción desde el principio. Sin embargo, a la hora de preguntarle, el autor confiesa que su división es “completamente arbitraria y acientífica”. Los segundos serían “los que nos vemos afectados por las dificultades para dormir, pero que generalmente podemos desarrollar vidas bastante corrientes; sencillamente dormimos poco, estamos más cansados de lo habitual y tenemos una relación con la noche y con el día distinta de la que tienen los demás. En muchos casos no buscamos ayuda profesional; intentamos ir tirando, ir parcheando”. Por su parte, prefiere guardar “insomne” para aquellos que “pueden necesitar tratamientos muy intensos, y ven seriamente afectada su vida laboral y personal”, a modo de respeto y distancia para con su sufrimiento. No obstante, ambos sabemos que su “mal” es igualmente real.

“¿Hoy día qué siente al aproximarse la hora de dormir?”. “Hoy lo que siento fundamentalmente es la preocupación por si mi hija de ocho meses se va a desvelar muy temprano”.  El autor se vale de diferentes fases para explicar su propio insomnio, por lo que debemos contemplarlo desde un plano evolutivo. Se inicia con un orgullo infantil, pasa por una alta productividad adolescente y llega hasta la más pura frustración adulta, que desemboca en esta nueva etapa: la paternidad. “Para algunos, el mal dormir no termina nunca”, simplemente cambia de forma. En el libro, el escritor afirma autoenmarcarse dentro de la trama que supone la vigilia, convirtiéndose en el protagonista de la misma, pero, a su vez, revela la dificultad de darle título a tal historia. La razón a la que me destinan sus respuestas es a que quizás la variabilidad del sueño en la única constante que encabeza las diferentes fases que describe. 

“La dificultad para dormir es algo que sencillamente sucede, sin que haya un motivo claro ni acotado en el tiempo”. Otra de las conclusiones a las que nos llevan las palabras de Jiménez Torres, tanto en la entrevista como en el ensayo, es a que la angustia del maldurmiente está motivada por la incapacidad de proporcionar una explicación; “¿investigar sobre el insomnio o mal dormir ha ayudado a afrontarlo con otros ojos?” “Sí. Escribir este libro ha sido muy terapéutico. En este caso, más que en cualquiera de mis obras anteriores, se ha cumplido el cliché de escribir para comprenderte mejor a ti mismo (algo que se extiende también a la fase de documentación)”. Aunque confiesa que duerme el mismo número de horas que antes, “siento que es una experiencia que he afrontado y que he reconocido a través de la palabra escrita, y esto me provoca cierta paz”.

Además, el autor ha podido descubrir una posible causa de su anormalidad nocturna: los cronotipos del sueño. Existen dos tipos, búho y alondra, y atienden a diferentes ciclos en el dormir. El segundo es el que corresponde a la mayoría de la población, dejando el primero a aquellos que se activan y trabajan mejor durante la noche. ¿Existe cierto alivio en entender que quizás lo que “falla” es que la vida está diseñada para los que funcionan con un cronotipo alondra? ¿Cómo abordaría el escritor entonces su rutina diaria si pudiera hacerlo desde su verdadero ciclo de sueño? “Si de mí dependiera, trabajaría fundamentalmente entre las seis de la tarde y las dos o las tres de la madrugada”. No obstante, las renuncias tanto personales como profesionales que esto supondría le conducen a una premisa clara; “no quiero estar separado de los demás, no quiero sentirme apartado de la vida”. “Es la dificultad de esa integración tan deseada lo que me provoca frustración”.

A este sentimiento se suma otro móvil: la asociación entre insomne y genio productivo. Abordar este estereotipo es “una cuestión muy relevante en una época que valora tanto la productividad como la nuestra”. Debemos asumir la falta de sueño desde el riesgo que conlleva, no enmascarado por la falsa imagen de artista “consagrado a su obra por encima de los ritmos habituales”. Sin embargo, en este punto, Jiménez Torres señala un aspecto social también muy destacado, pero raramente identificado: la idea de vida sana y equilibrada y su implicación en la desconexión y el descanso. “Creo incluso que parte de la angustia del maldurmiente contemporáneo tiene que ver con no poder cumplir con ese ideal”, reflexiones a las que llega una vez habla y encuentra iguales en sus círculos cercanos. 

“¿Qué sintió al descubrir en la escritura del libro que tanta gente a su alrededor es maldurmiente?” Si de una cosa ha sido consciente el autor en el periodo de documentación es “constatar lo invisible que es el mal dormir y lo extendido que está”. Compara esta idea con “lo que explican los astrónomos sobre la materia oscura, esta fuerza que estaría presente en todo el universo y que ejerce un papel importante en el mismo, pero que no hemos logrado observar directamente”. Sin embargo, “El mal dormir” consigue calar en esta idea, ya no solo en el reconocimiento propio y asertivo del periodista como maldurmiente ni tampoco como el entendimiento de un monólogo interior, sino también en las conversaciones, en las identificaciones externas. “Noto, por las reacciones al mismo, que muchas personas sí tienen ganas de hablar sobre ello”. 

Retomando la cita que encabeza la entrevista, el escritor pretendía dar cuerpo a lo que sentía y lo que ha conseguido es verbalizar la realidad de cientos de incomprendidos cansados. Cabe reincidir en que el mal no es menor, pero el sentimiento es compartido, es finalmente escuchado. Un “y hoy ¿cómo has dormido?” será cada vez más frecuente. Desde la ironía que supone que la poca periodicidad de la pregunta diera “ganas de abrazar a quien la planteara”, ahora el ensayista tendrá que asumir que va “a escucharlo mucho más, hasta un nivel que puede resultar cansino”. Pero no nos preocupemos, “lo llevo con deportividad”. 

Para terminar, un repaso por la elección de la portada, “acierto exclusivamente de la editorial (…) una muestra más del buen hacer de libros del Asteroide” y agradecimientos a la convocatoria del premio de no ficción de Libros del Asteroide por animar a David Jiménez Torres a llevar a cabo este proyecto, tan necesario en el acompañamiento del maldurmiente. Para el suyo propio, nos quedamos con una de las citas que reconfortan sus mañanas más pesadas: “sin ti ¿qué queda de las riquezas del día?”.