Felipe VI cede su aeronave oficial al Pontífice por un fallo técnico en el avión de Iberia, cancelándose la rueda de prensa papal a bordo.
La visita del Papa León XIV a España ha terminado con un imprevisto logístico en Tenerife. Tras detectarse graves problemas técnicos en el avión comercial de Iberia que debía trasladar al Pontífice a Roma, el Rey Felipe VI ha cedido el Falcon oficial de la Corona para garantizar su regreso inmediato al Vaticano. El vuelo partió de la isla con un retraso de tres horas, llevando al Santo Padre y una delegación eclesiástica reducida hacia el Vaticano.
El monarca, que había acudido a Tenerife para presenciar los actos de despedida de la agenda papal, decidió permanecer en la isla a la espera de que la Casa Real enviara una aeronave de sustitución para su traslado a Madrid. El operativo de urgencia fue coordinado por el Ministerio de Defensa, con los pilotos especializados del Ala 45 del Ejército del Aire al mando del Falcon presidencial. Felipe VI acompañó personalmente a León XIV hasta la escalerilla del avión en una comitiva que incluyó a los ministros Ángel Víctor Torres y Elma Sáiz, así como al presidente del Ejecutivo canario, Fernando Clavijo.
La reducción forzosa de plazas en la aeronave militar alteró significativamente el protocolo de cobertura informativa habitual en las misiones vaticanas. La delegación oficial y los corresponsales internacionales que viajaban en el avión averiado quedaron en la terminal de Tenerife, a la espera de un vuelo de rescate organizado por Iberia desde Madrid para volar a Italia durante la madrugada del viernes.
Esta separación obligada tuvo consecuencias directas en la agenda informativa. Los portavoces eclesiásticos confirmaron que no se podría celebrar la tradicional rueda de prensa del Papa a bordo del avión, el encuentro informal donde el Santo Padre suele hacer balance de sus viajes y responder a preguntas sobre actualidad política y doctrinal. La falta de espacio físico en la cabina del Falcon presidencial hizo imposible mantener este acto, cerrando de forma atípica la estancia del Pontífice en España.
El incidente pone de relieve los desafíos logísticos que acompañan a las visitas de alto nivel y cómo las instituciones españolas priorizan la seguridad y el protocolo diplomático incluso cuando surgen complicaciones de última hora. La cesión del avión presidencial ejemplifica la coordinación entre la Corona y la Iglesia Católica en circunstancias excepcionales.