El decreto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe señala que los ministros consagrados de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X deben ser considerados cismáticos y que el sacramento de la penitencia y el matrimonio que celebran son inválidos.
El Vaticano ha decretado este jueves la excomunión de seis obispos de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X —los lefebvrianos— tras la consagración episcopal de cuatro presbíteros celebrada el 1 de julio en la sede de la Fraternidad en Ecône (Suiza) sin mandato pontificio y en contra de la voluntad del Papa León XIV. Los excomulgados son los obispos consagrantes Alfonso de Galarreta y Bernard Fellay, y los recién consagrados Pascal Schreiber, Michael Goldade, Michel Poinsinet de Sivry y Marc Hanappier.
El decreto, firmado por el prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, cardenal Víctor Manuel Fernández, establece que los obispos han incurrido "ipso facto" en la excomunión "latae sententiae" —pena automática— reservada a la Sede Apostólica por haber cometido "un acto de naturaleza cismática". El Dicasterio precisa que "los múltiples intentos por reconducir a los adherentes al movimiento iniciado por monseñor Marcel Lefebvre a la plena comunión con la Iglesia católica han resultado infructuosos" desde la época de Pablo VI hasta las conversaciones celebradas recientemente.
El Dicasterio considera que las consagraciones han constituido "el delito de cisma" y recuerda que, como se declaró en 1988, "dicha desobediencia —que conlleva un rechazo práctico del Primado romano— constituye un acto cismático". En consecuencia, los ministros consagrados pertenecientes a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X deben ser considerados cismáticos y están sujetos a la excomunión prevista por el derecho canónico. Los sacramentos de la penitencia y el matrimonio que celebran son declarados "inválidos".
Respecto a los fieles laicos, se considerarán cismáticos y excomulgados quienes se adhieran formalmente a la Fraternidad. El Dicasterio ha exhortado a todos los fieles a "permanecer firmes en la comunión" con el Pontífice y a abstenerse de participar en las celebraciones y actividades de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. Al mismo tiempo, ha asegurado que "la Iglesia, como madre solícita, acogerá con sincero afecto y viva solicitud a todos aquellos que deseen volver a la plena comunión".
La ceremonia de Ecône contó con la participación de más de mil sacerdotes, monjes y monjas y aproximadamente 15.000 laicos. El superior general de la Fraternidad, Davide Pagliarani, justificó la consagración afirmando que "las autoridades eclesiásticas, desde el Concilio Vaticano II hasta la actualidad, han mostrado una actitud contraria a la fe". "Estamos dispuestos a pagar cualquier precio para salvar a la Iglesia", afirmó, añadiendo que "cualquier castigo o censura contra esta acción carece de valor alguno".
La excomunión era esperada. El cardenal Fernández había advertido en mayo de que las ordenaciones carecían del mandato pontificio y supondrían "un acto cismático". El propio León XIV remitió el 29 de junio una carta a los lefebvrianos en la que los exhortaba a abstenerse: "Arrepiéntanse. Les exhorto a que consideren con atención el bienestar espiritual de los fieles, porque el acto cismático que pretenden cometer los privaría de la recepción legítima y, en algunos casos, incluso válida de los sacramentos".
No es la primera vez que la Fraternidad afronta una situación similar. En 1988, el fundador Marcel Lefebvre fue excomulgado junto a los cuatro sacerdotes que consagró ilícitamente. Benedicto XVI levantó esas excomuniones en 2009, aunque sin que se alcanzara un acuerdo teológico. Bernard Fellay, co-consagrador en la ceremonia de este miércoles, es el único de aquellos cuatro obispos que aún vivía.
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