La Serrería Belga acoge una retrospectiva de Menchu Gal hasta junio

La Serrería Belga acoge una retrospectiva de Menchu Gal hasta junio

Sigue a MadridActual en Google
Añadir a mis fuentes favoritas

El Espacio Cultural Serrería Belga presenta la exposición 'Menchu Gal. Imágenes de una vida', un recorrido por la trayectoria de la primera mujer que obtuvo el Premio Nacional de Pintura en 1959.

El Espacio Cultural Serrería Belga, dependiente del Área de Cultura, Turismo y Deporte, acoge la exposición 'Menchu Gal. Imágenes de una vida', dedicada a la artista que se convirtió en la primera mujer en recibir el Premio Nacional de Pintura en 1959. La muestra ofrece una visión amplia de su legado artístico y de su evolución a lo largo de las décadas.

Organizada en colaboración con la Fundación Menchu Gal, la exposición reúne cerca de medio centenar de obras y permanecerá abierta al público hasta el 28 de junio. A través de esta selección, el visitante puede recorrer distintas etapas de su producción mediante paisajes, retratos, bodegones e interiores que reflejan la diversidad de su trabajo.

La propuesta expositiva llega a Madrid veinte años después de su última muestra individual en la ciudad y cuenta con piezas procedentes de colecciones particulares, del Ayuntamiento de Irún y de la Fundación Menchu Gal, lo que permite reconstruir con amplitud su trayectoria.

Luminosidad y estilo propio

Las pinturas de la artista se caracterizan por una paleta cromática intensa, marcada por la luminosidad y la expresividad, rasgos que reflejan una personalidad independiente forjada en un contexto histórico complejo y en los "complicados avatares estéticos del siglo XX".

Aunque mantuvo contacto con distintas vanguardias del siglo pasado, su obra no se adscribió a ninguna corriente concreta, consolidando un lenguaje propio y reconocible. En este sentido, la comisaria Marisa Oropesa subraya que se trata de un estilo "único y libre que las hacen inconfundibles".

El historiador y crítico Francisco Calvo Serraller también destacó esta singularidad al afirmar que "Menchu Gal, una vez que maduró su lenguaje pictórico personal, no se dejó arrastrar por lo que sucesivamente estuviera en boga", incidiendo en la independencia creativa de la pintora.

Una obra entre paisajes y retratos

El paisaje ocupó un lugar central en su trayectoria, especialmente tras su descubrimiento de las tierras de Castilla, una experiencia en la que tuvo un papel relevante el artista Benjamín Palencia. A partir de ahí, desarrolló una mirada personal sobre distintos entornos naturales.

Asimismo, la pintora mantuvo su vínculo con los paisajes del norte, reflejando los parajes del Bidasoa y el valle de Baztán, además de vistas urbanas de Hondarribia y escenas marinas cargadas de color. Su relación con Madrid también quedó plasmada en lienzos que representan azoteas, tejados, el Palacio Real o escenas nocturnas de la ciudad.

En el ámbito del retrato, Menchu Gal empleó una pincelada intencionada para captar la esencia de los personajes más allá de su apariencia física, con una presencia destacada de figuras femeninas en su obra.

Los interiores constituyen otro eje de su producción, donde la luz, los objetos y los personajes adquieren protagonismo para transmitir escenas cotidianas que evocan intimidad y sosiego. En sus bodegones, por su parte, elementos como libros, floreros o frutas destacan gracias a una paleta luminosa y el uso de arabescos.

Trayectoria y proyección internacional

Menchu Gal inició su formación artística a los 13 años en París, donde estudió con el maestro cubista Amédée Ozenfant. Posteriormente, en 1934, se trasladó a Madrid para continuar sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando.

Tras el estallido de la Guerra Civil, regresó a Francia, donde continuó pintando en un periodo de intensa creatividad y contacto con distintos movimientos artísticos. En 1945, tras un viaje a Madrid en el que el pintor José Gutiérrez Solana conoció su obra, se instaló definitivamente en la capital e ingresó en la Escuela de Vallecas.

A lo largo de su carrera, desarrolló una intensa actividad expositiva, con 70 exposiciones individuales y 232 colectivas, además de participar en citas internacionales como la Bienal de Venecia (1950 y 1956), la Bienal Hispanoamericana de La Habana (1954) o la Exposición Universal de Bruselas (1958).

Pese a los reconocimientos obtenidos, algunos expertos han señalado su actitud ante el éxito. La historiadora Barbara Rose afirmó que "no le preocupaba si sus obras le granjeaban o no la fama mundial. Las hizo por una necesidad interna, no por la necesidad de complacer, de cumplir con las convenciones o de acumular riqueza o estatus social".

La exposición se integra dentro del eje programático de Serrería Belga, impulsado en colaboración con distintas entidades públicas y privadas, y ofrece un recorrido completo por la evolución artística de Menchu Gal.