Dijo Felipe González, en una de sus frases memorables, que los ex presidentes del Gobierno "son como jarrones chinos". Que nadie se atreve a tirarlos, pero no sabe dónde colocarlos. Yo creo que últimamente se está demostrando sobradamente que los ex presidentes (y los presidentes, y las presidentas, y los ex ministros y...) son algo más, y a veces peor, que jarrones chinos. Y se ve con claridad la urgencia de regular las actividades de los ex, sean presidentes, ministros o novios de presidentas, por englobar en una sola frase todos los lamentables titulares que, sobre corrupción, pueblan las portadas de los medios en estos días ya veraniegos.
Pedro Sánchez, en frase no tan memorable, nos ha dicho, para defender el honor tan mancillado de Zapatero, que todos los presidentes del Gobierno reciben regalos de dirigentes de otros países. Cierto: cuando Felipe González estaba marchándose de La Moncloa, fuimos Pilar Cernuda y yo a entrevistarle en Presidencia y allí vimos cómo estaba clasificando, para dejarlos a Patrimonio, los regalos que había ido recibiendo en sus trece años como jefe del Gobierno de España. Muchos de estos regalos eran sencillamente espantosos, y no recuerdo que nadie hablase de donaciones de joyas. Que una cosa es una horrenda escultura, o el caballo que Gadafi regaló a Aznar y otra un millón trescientos mil euros en diamantes y zafiros.
El caso es que la 'defensa' de Sánchez a Zapatero, extendiendo las dádivas que reciben los mandatarios a todos los ex presidentes, me obliga a cuestionarme qué tienen que decir al respecto el mentado González, Aznar, Rajoy -aunque el ex presidente gallego no aparece citado en ninguna parte como beneficiario de 'negocios de Estado'-, el propio Sánchez y, por qué no extender las pesquisas, a algunos ex ministros que mucho tuvieron que ver con tratos económicos con otros países. Y que, por cierto, ahora se benefician de las ventajas que un alto cargo siempre tiene en cuanto a relaciones con poderosos de toda índole.
O sea, por decirlo en corto: es bueno ser ex. O pareja de presidente o presidenta. La igualdad con los demás mortales, que ni ocuparon un alto cargo público, ni tienen relación familiar, aunque sea de cuñado, con uno de estos altos cargos, simplemente no existe. Y me parece que es necesario insistir en que el tráfico de influencias, los lobbies, las incompatibilidades, han de regularse de manera mucho más severa y detallada. Hay que precisar dónde colocar los jarrones chinos.
No lo digo ahora, en estos tristes tiempos de Zapatero, sus hijas, el novio de la presidenta madrileña, el hermano y la mujer del Presidente del Gobierno y un largo etcétera; es algo que muchos venimos reclamando desde hace demasiado tiempo, sin que hayamos recibido otra respuesta que críticas y ataques por nuestra condición de 'antigubernamentales', se tratase del Gobierno de que se tratase, que esto no se circunscribe a los tiempos 'sanchistas'.
¿Cuánto tendremos que esperar para que al menos desde la oposición, ya que no desde el Gobierno, se presenten proyectos concretos, creíbles, realistas, de regeneración de la vida pública? Porque, hasta ahora, los planes que nos presentaron unos u otros, como por ejemplo aquellas 'medidas anticorrupción' gubernamentales de hace algo más de un año, duermen el sueño de los injustos. Nada se ha hecho. Nada se hace.
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