Hay resistencias heroicas y admirables, como la del soldado que soporta la tortura hasta la muerte por no dar información al enemigo, o la del creyente, que prefiere seguir soportando el martirio antes de abjurar de su religión.
Pero hay otras resistencias que no tienen otro objetivo que prorrogar una situación que es imposible variar, y cuya prolongación no causa admiración sino estupor y, cuanto más se alargan, asombran durante un escaso tiempo hasta que caen en el ridículo.
El primer libro que se publicó sobre Pedro Sánchez fue "Manual de Resistencia", en el que se loaba la capacidad de adaptación de su protagonista, obviando y ocultando las trampas y trucos fulleros del "resistente". Asimismo, se popularizó el término "resiliencia", que viene del latín, y que significa saltar hacia atrás o replegarse. Pedro Sánchez -que entonces todavía estaba a medio camino de acumular méritos para ser nombrado Pedro I, El Mentiroso- dio muestras de algo inherente a todos los seres vivos y plantas: la capacidad de resistir adversidades para volver a surgir.
En esta ocasión, el resurgimiento es imposible. Dentro de unos días el denigrado presidente de Gobierno podrá irse de vacaciones a La Mareta -el palacete que Hussein de Jordania regaló a Juan Carlos I, y el Rey lo donó al Estado- y no encontrará ningún gesto desagradable, y sí la amabilidad profesional del servicio, pero en las cocinas se comentará que son sus últimas vacaciones como presidente.
Y ya, ahora mismo, centenares de concejales, y docenas de diputados autonómicos socialistas, temiendo por su incierto porvenir -los más- o pensando que el partido no debe hundirse por la soberbia cabezona de su líder temporal, están llamándose, informándose, cabildeando para encontrar una salida, porque está muy bien que su líder haga el ridículo con su obstinada resistencia, pero no quieren soportar el martirio de unos meses haciendo de comparsas de la agonía.
Ni siquiera fuera le tienen ya ningún respeto. Francia, Alemania e Italia, le ningunean sistemáticamente, tanto en términos de Defensa de la UE, como en cualquier otro.
Pero tiene todo el derecho a actuar como aquel equipo de fútbol, que perdía 10 a cero, y solicitaba prórroga al árbitro. Que siga el denigrante espectáculo.
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