"Nosotros o el caos". "El caos, el caos", respondieron

"Nosotros o el caos". "El caos, el caos", respondieron

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Se está haciendo viral estos días un antiguo dibujo del 'cartoonist' Ramón en la desaparecida Hermano Lobo. Desde su tribuna, el prócer plantea a sus oyentes, los ciudadanos: "nosotros o el caos"; "el caos, el caos", responde la multitud.

En eso estamos hoy. En el caos oficioso (y oficial), que sume en el desconcierto a una ciudadanía que, ante la falta de soluciones, prefiere pensar en el mundial de fútbol y en las vacaciones veraniegas. Y, sin embargo, hay que acabar con este caos, que amenaza con provocar graves daños a las estructuras morales, y no solo morales, del país.

Creo que nuestros representantes están contrayendo una muy seria deuda con los españoles. Tienen que poner fin al caos legislativo, institucional, ejecutivo, judicial, en el que las reglas de siempre apenas se respetan y en el que cada día supera en anormalidad al anterior.

Son precisos acuerdos para dotar al Estado de un entramado legal que lo defienda de manera más eficaz que en la actualidad. Se precisan pactos que incluyan plantear reformas constitucionales, de la normativa electoral y de refuerzo de la democracia: limitación de mandatos, regulación más estricta de los lobbies y del estatus de expresidente del Gobierno (y de ex ministro, y de la esposa del presidente), compromiso formal de cumplimiento de las promesas electorales, castigo político más severo de la mentira 'oficial'.

Pienso que la oposición, en su afán por acabar con este Gobierno 'corrupto' (entre otras denominaciones más severas), está olvidando plantear a los ciudadanos este plan regeneracionista que sirva para ordenar una vida pública que es, simplemente, un desbarajuste. Y no hablo solamente de los inéditos juicios en curso, ni de la parálisis evidente del Parlamento, ni de las constantes transgresiones a lo que deberían ser principios del Derecho natural.

Porque, perdido ya el Gobierno en su marasmo, en minoría en el Congreso, incapaz de hacer aprobar no solo unos Presupuestos, sino casi cualquier proyecto legal, le corresponde a la oposición poner orden.

¿Puede hacerlo el Partido Popular, que me parece algo perdido en sus negociaciones con VOX, que al fin y al cabo es un inquietante compañero de cama de cara a la gobernabilidad de ciudades y autonomías y quién sabe si mañana de la nación? Vox es sin duda un freno a la hora de que el PP lance a las gentes de la calle un programa de valor moral. Pero esta labor de la oposición, mientras la izquierda vive momentos de dispersión, se hace cada día más imprescindible: tremenda la responsabilidad que pesa sobre los hombros de Núñez Feijóo, cuyo trabajo opositor hoy día se centra apenas en el combate semanal de los miércoles en la sesión de control parlamentario al Gobierno.

Lamentablemente, es poco lo que ya podemos esperar de nuestro Gobierno, al que no le han faltado aciertos en el pasado, pero que hoy se ve sumido en la necesidad de inventarse cada día un nuevo reto para ocupar los titulares 'benéficos' que contrarresten a los muy mayoritariamente 'negativos'. Ignoro si, en sus próximas comparecencias parlamentarias, Pedro Sánchez podrá desgranar su propio programa regeneracionista, suponiendo que tenga voluntad de hacerlo; me temo que será, en todo caso, poco creíble.

Lo que sí sé, de cualquier forma, es que una nación tan importante como España no puede prolongarse en este debate político garbancero, rastrero, de muy bajo vuelo, que ahora soportamos. Así, no extraña que, cuando nos plantean 'nosotros o el caos', las buenas gentes prefieran 'el caos, el caos', que algunos pueden pensar que, a la postre, sería menos malo.


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