Descrito por la Guardia Civil (UCO), la Policía Nacional (UDEF) y la Audiencia Nacional como supuesto jefe de una trama criminal por presuntos delitos relacionados con el caso Plus Ultra, amén de la pieza separada por el culebrón del joyero (supuestos de contrabando y delito fiscal), el expresidente habla al pueblo soberano como el esposo sorprendido en un caso de flagrante infidelidad:
¡No es lo que parece!
Sostiene que no influyó en el rescate de la aerolínea con dinero público en marzo de 2021 "y eso es una verdad incuestionable", dijo al juez. En cuanto a las joyas, silencio. Pide tiempo para acreditar su inocencia y confía en el recurso presentado contra la negativa judicial a dicha petición. La pregunta sale sola: ¿Nos lo creemos o no?
En cuestiones judiciales, la credibilidad de un personaje sobradamente conocido sobre el que pesan graves acusaciones es la que otorga el juez. No la que se atribuye a sí mismo el imputado. O la que le atribuye el todavía Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, cuando dice que su compañero goza de "la solidaridad y la empatía del PSOE".
Lo suyo es remitirse al pronunciamiento del juez después de interrogar a Zapatero y haber dictado auto de imputación contra las hijas de este. Lo que ha dicho el juez Calama después de escuchar al imputado es que "se mantienen los indicios racionales de criminalidad".
El pronunciamiento alcanza al culebrón de las joyas intervenidas en el despacho del expresidente. Aquí su falta de credibilidad es más ostensible porque, a diferencia de lo ocurrido con la Plus Ultra, no pone por delante la pancarta de su inocencia. En vez de declararse inocente se limita a pedir tiempo hasta ver cómo se las arregla para justificar la procedencia de unas joyas valoradas en 1,3 millones de euros.
Por tanto, nos topamos con una doble falta de credibilidad del personaje. Una, la que le niega el juez al seguir detectando indicios de criminalidad. Y otra, la que le niega la opinión pública, que usa el sentido común al inferir que un inocente no necesita prórrogas de calendario para demostrarlo, salvo que necesite ese tiempo para fabricar una coartada.
No encuentro forma mejor de describir el dilema sobre la credibilidad o la desconfianza del personaje. ¿Nos creemos al juez o al expresidente después de cruzarse durante más de tres horas en la Audiencia Nacional?
El juez Calama se retrató en un auto sobre la irrelevancia de la deposición de Zapatero como desactivadora de los indicios que lo mantienen bajo sospecha. Y el expresidente lo hizo en un comunicado público cargado de voluntarismo, no de novedades relevantes. Pide confianza "hasta que pueda demostrar mi inocencia". Y anuncia que "la verdad se abrirá paso".
Ustedes dirán.
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