Sobre la corrupción

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MADRID 19 Jun.

Un cálculo reciente establecía que en España son alrededor de 70.000 los ciudadanos que viven directamente de la política. Indirectamente, muchos más. A los cargos de los organismos oficiales: Gobierno, Congreso, Senado, Parlamento Europeo, comunidades autónomas, diputaciones, cabildos y ayuntamientos habría que añadir aquellos que trabajan para los partidos cobrando un sueldo. Dado que para mantener estas estructuras se necesitan grandes recursos económicos , los partidos se convierten por la inercia de los hechos en empresas extractivas cuyo comportamiento no difiere del resto de las demás empresas solo que, en su caso, tienen la gran ventaja de las subvenciones públicas y, hasta hace poco, también de la condonación de créditos. Pero el dinero nunca es suficiente y en el horizonte de la política siempre aparece la sombra ominosa de la corrupción. Que conduce a fundadas sospechas sobre la financiación ilegal de algún partido.

En términos históricos, en España corrupción hubo siempre -desde el duque de Lerma al marqués de Salamanca. Lo que faltó en otras épocas fue una Prensa libre. Medios de comunicación actuando como contrapeso. Cumpliendo con la función de aviso a navegantes, publicando aquello que alguien está intentando ocultar.

Pero, los medios no siempre quieren o pueden estar a la altura de su deber. Bien por afinidad ideológica o por precariedad económica empresarial, algunos sucumben ante la presión del Gobierno o de los partidos políticos. Más en estos tiempos en los que el sector atraviesa por su crisis más prolongada. La política no debe ser sustituida por los tribunales. Separación de poderes, probidad en la gestión de los asuntos del común, escrutinios rigurosos de las adjudicaciones de obras públicas ,financiación transparente de los partidos, reparto equitativo de la publicidad institucional. Y exigencia de mérito y capacidad para los nombramientos. Acabar con la colonización política de las empresas públicas; no más "Koldos" con pasaporte diplomático, ni familiares enchufados en la Administración o cátedras sin licenciatura. Ni medios digitales de partido o bots qué, como hongos saprófitos, se alimentan de materia informativa en descomposición. El antídoto contra la corrupción debe venir de la regeneración del sistema.


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