MADRID 20 Jun.
Pasaron los tiempos en los que una visita del Papa, unas vacaciones veraniegas o un campeonato mundial de fútbol servían para distraer a la opinión pública, y a la publicada, de los sinsabores y trapisondas de la vida política y judicial nacional. Yo diría que, ocurra lo que ocurra en los próximos partidos de 'la roja', y aunque todos poblemos playas y piscinas con la ola de calor que viene, Pedro Sánchez va a tener muy pocos refugios para paliar la avalancha que se le viene encima. Porque ya no es solo judicial y mediática: también, por fin, el Parlamento despierta de su larga siesta y ha resuelto cercar al presidente y a su Gobierno.
Fracasado el proyecto de posibilitar una votación en la Cámara Baja para pedir elecciones anticipadas, el próximo jueves se debatirá una nueva iniciativa del Partido Popular: solicitar que se celebre una sesión planteando la cuestión de confianza. Es decir, averiguar si los aliados del Ejecutivo del PSOE siguen confiando en él como hasta hace unos meses: ahora, tanto Junts como el PNV, y una parte de Esquerra, además de Podemos y de una fracción minoritaria de Sumar, se plantean ya la necesidad de unas elecciones anticipadas que pongan fin a una Legislatura sin parangón en sus escándalos, irregularidades, contradicciones y sensación de caos.
Ignoro, claro, lo que ocurrirá este domingo en el partido de la selección española frente a la de Arabia Saudí, pero considero el resultado irrelevante como para inmiscuirlo en el 'animus politicus' que se vive en Ferraz y en La Moncloa. También ignoro lo que Sánchez dirá, ofrecerá e ideará en su comparecencia parlamentaria del próximo día 24 para hablar fundamentalmente de la corrupción que afecta a personalidades relevantes de su partido, el ex presidente Zapatero la última y más significativa de ellas.
Pero los observadores han captado que hay matices en las declaraciones públicas más recientes de Sánchez: ya no dice aquello de que agotará la Legislatura y luego se presentará a las elecciones en el otoño de 2027 y, encima, las ganará. No están los tiempos para bravuconadas: ahora ya admite que, si no saca adelante los Presupuestos ( y esto podría ocurrir a finales de año, suponiendo que esta vez sí los presente), podría convocar elecciones.
Es obvio que el Gobierno no logrará que varios de sus hasta ahora socios respalden las cuentas del Estado, que no serán aprobadas por el Congreso. Así que muchas voces piensan ya en las elecciones para febrero o marzo, antes, en todo caso, de los comicios autonómicos y municipales de mayo de 2027.
Quizá algo de esta situación tan fluida pueda aclararse ya en la comparecencia parlamentaria de Sánchez la semana próxima, en la que aseguran que la oposición representada por Feijóo piensa presentar algo semejante a un proyecto alternativo de gobierno. Estamos, sin duda, en vísperas de acontecimientos políticos importantes en las próximas semanas. Y si, además, ocurre que ganamos el Mundial y Sánchez aparece un día enfundado en la camiseta roja, pues que suenen las campanas, pero al presidente el fútbol ya no le sirve como tapadera. Nada, excepto lo que él mismo pueda plantear para sortear su situación asfixiante, puede ya servirle.
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