Sí, Feijóo también se juega mucho en este debate

Sí, Feijóo también se juega mucho en este debate

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Todo el mundo se pregunta con qué saldrá Pedro Sánchez este miércoles en la importante sesión parlamentaria en la que tendrá que pronunciarse sobre varias cuestiones relacionadas con la corrupción en el mundo socialista: las cloacas del PSOE, la marcha de los casos Ábalos, Cerdán y Koldo, las acusaciones y las diatribas judiciales relacionadas con su mujer y con su hermano, el 'caso Hidrocarburos'. .. y Zapatero, claro. Sobre todo, Zapatero. No podrá el presidente y secretario general del partido gobernante aludir más a que no se enteró de lo que hacían sus próximos ni centrarse en las maldades de los jueces 'peinados': tiene que sacar conejos nuevos de la vieja chistera. Cambios en la manera de comportarse, iniciativas moralizantes. Nada de venirnos con más de lo mismo.

A mí, sin embargo, me interesa más lo que diga Alberto Núñez Feijóo en esta especie de 'debate sobre el estado de la nación', que no es tal, pero casi. Sánchez se está jugando simplemente unos meses de supervivencia en La Moncloa. Pocos, los muy cafeteros, apuestan por él más allá del primer trimestre de 2027, sea como sea el final. Pero yo creo que Feijóo se juega ahora más: precisamente el llegar a La Moncloa. Más allá de los sempiternos lisonjeros que aplauden cualquier cosa que diga el presidente del Partido Popular, lo cierto es que los sondeos dicen que Feijóo y su estrategia no convencen del todo. No basta con hacer un diagnóstico, a veces extremado, sobre el sin duda pésimo comportamiento del Gobierno y sus circunstancias. No se cumple con la tarea de la oposición llamando 'mafiosos' a los ministros. Ha llegado la hora de plantear alternativas.

Cierto que el deterioro de la calidad de la democracia no parece, triste es decirlo, ser la principal preocupación de los españoles; pero el espectáculo que estamos viviendo cada día -en realidad, los escenarios pésimos son varios- está, vuelvo a citar las encuestas, suscitando un cierto pasmo en la ciudadanía. Y del pasmo quizá se está pasando a la indignación. Es el turno del relevo. El líder de la oposición tiene que mostrar que, primero, no es rehén de VOX, que al fin y al cabo es, si bien se mira, su principal enemigo; luego, y sobre todo, tendrá que presentar a los españoles un plan de regeneración moral de la política, con los cambios imprescindibles para enfrentarse a la nueva era pensando en esa 'generación Zeta', los hijos y los nietos que se harán cargo del mundo en menos de una década.

No sé si el PP y su 'estado mayor' están capacitados para trazar una panorámica que englobe en una propuesta convincente desde el ámbito judicial y mediático al económico y el de las relaciones internacionales; porque la relación con el mundo de Trump es también un problema para los responsables de la calle Génova. ¿Enfrentarse al habitante de la Casa Blanca? ¿Mantener un prudente silencio y dejar pasar?

Claro que no se trata, en esta especie de debate sobre el estado de la nación que clausura el curso político (no el judicial, ni las sorpresas que siempre nos dan los políticos en julio), de hacer un examen al PP. Porque quien se examina, con muy malas perspectivas, son Sánchez, su gobierno, su partido y, en último término, también sus aliados y los que hasta ahora lo eran. Pero me parece que ya hemos entrado de lleno en la fase de preguntarnos qué, quién, cómo, sucederá al llamado 'sanchismo', entendamos lo que entendamos por este término. Y puede que este miércoles nos llegue algún atisbo de respuesta.


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