“Oposición” de Sara Mesa: no cuenta una historia, grita una verdad

“Oposición” de Sara Mesa: no cuenta una historia, grita una verdad

La madrileña –y medio sevillana– Sara Mesa (1976) se mantiene firme en su ritmo de creación narrativa que le ha llevado a publicar, en los últimos años, hasta 12 novelas y otros volúmenes de poesía y ensayo. En el mes de marzo entregó su más reciente novela, “Oposición” (Anagrama, 2025) en donde cuenta la historia de una mujer que nada en las aguas enmarañadas del mundo laboral. 

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La obra empieza con el sello característico de Mesa: a través de la despersonalización extrema de los personajes busca encontrar la identificación del lector. La forma de conseguirlo es no otorgarles un nombre, un recurso que ya empleó en otras obras suyas como “Cara de pan” (2018). En este caso los protagonistas son “el tutor” y la “mujer joven opositora” y, a través de ellos, explora la oscura trama de una relación de poder entre ambas partes: “el tutor” poco a poco lleva a “la opositora” a caer en un entresijo de preguntas tramposas que se escapan del temario oficial.

La autora representa esta relación a través de detalles sutiles como que sea él quien siempre haga las preguntas y ella la que responda. Siempre con un prudente hilo de resistencia por parte de ella, de manera que Mesa critica el vicio en el consentimiento cuando hay relaciones con clara desigualdad de poder. ¿Es justo llamar consentimiento a una telaraña tejida de preguntas capciosas y acciones intimidantes?

Esta dinámica queda reflejada en el lenguaje: la violencia está presente pero no visible. Quizás es este aspecto más interesante. Pues no busca retratar una escena con violencia física, sino que ahonda en la psique humana y muestra cómo a veces los cuchillos son palabras. Es una violencia igual de peligrosa que un león pero tan subestimada como la que puede ejercer un ratón.

Este ambiente asfixiante queda subrayado por la ausencia de descripción del espacio exterior. Mesa busca que todo en esta novela agobie, no quiere que sea una experiencia placentera. Además, hace uso de un lenguaje directo, cortante casi. No busca una retórica recargada, quiere que las palabras sean directas y nos den una falsa sensación de honestidad. 

Otra pieza clave de este relato es el deseo. Al igual que la violencia, no se muestra de forma explícita. Es el resultado torcido de la relación de poder que mantienen “el tutor” y “la opositora”. Puede decirse que es un medio para ese fin de explotación. 

Sara Mesa quiere que reflexionemos a través de la incomodidad. Lo hace de una manera muy original: no expresa su opinión de manera directa o indirecta. No, hace que el lector sea la víctima. Quiere que el dolor no sea el de “ella”, sino el nuestro. No hay nada más poderoso que ponerse en el lugar del prójimo, al fin y al cabo. 

La glorificación del intelecto y la justificación de las acciones es otro pilar del volumen. ¿Es justificable hacer daño solo porque pueda hacerse? En la novela se ve cómo los límites del consentimiento son borrados por el agresor y hacen que La Resistencia de la víctima sea más un espejismo que una realidad.

Sara Mesa ha hecho de la asertividad un arte. No señala el elefante en la habitación, pero orquesta todo de tal forma que el lector es incapaz de mirar otra cosa. Nunca expresa una sola opinión, pero se percibe cómo la está gritando a la cara. Una pelea constante entre contrarios que desemboca en una experiencia sofocante pero enriquecedora. 

Esta novela es la definición perfecta de que a veces vale más una imagen que mil palabras. Hay muchas novelas que buscan retratar este tipo de relaciones, pero pocas consiguen traspasar la hoja y llevar el sentimiento de claustrofobia y tensión que tienen las víctimas. Es por esto que esta novela es tan única. No nos cuenta una historia, nos grita una verdad. 

@estaciondecult