Las Villas de Madrid se presentan esta Semana Santa como una alternativa de proximidad para quienes buscan combinar patrimonio, naturaleza y gastronomía sin salir de la región. Municipios como Rascafría, Buitrago del Lozoya, Torrelaguna, Patones, Villarejo de Salvanés, Colmenar de Oreja, Chinchón, Nuevo Baztán, San Martín de Valdeiglesias o Manzanares El Real ofrecen durante estos días una oferta que une historia, cultura y actividades al aire libre en distintos puntos de la Comunidad.
En la Sierra Norte, Rascafría se consolida como uno de los destinos más completos por su mezcla de montaña, arte y espiritualidad. El municipio permite recorrer su casco urbano, visitar el Monasterio de El Paular y adentrarse en el Parque Natural de Peñalara, donde destacan rutas como la de la Laguna Grande o la de la cascada del Purgatorio. A esa propuesta se suma una gastronomía ligada a productos de la zona como carnes, judiones, truchas del Lozoya y quesos.
Muy cerca, Buitrago del Lozoya ofrece un viaje a su pasado medieval a través de una muralla de cerca de 800 metros que sigue siendo uno de sus grandes emblemas. El recorrido se completa con espacios como el Museo Picasso-Colección Eugenio Arias y con paseos por el entorno del río Lozoya o por la Senda del Palacio del Bosque.
Torrelaguna aparece como otra de las paradas destacadas para quienes buscan patrimonio histórico. Su casco antiguo, presidido por la Iglesia de Santa María Magdalena, invita a recorrer una localidad de fuerte peso monumental, a lo que se añade una oferta gastronómica apoyada en asados, embutidos y repostería tradicional.
Patones, y en especial Patones de Arriba, mantiene su tirón como escapada con encanto dentro de la región. Su arquitectura de pizarra y su entorno natural siguen siendo sus principales atractivos, con visitas habituales al embalse de El Atazar, el Pontón de la Oliva o las Cárcavas, en un paisaje muy reconocible de la sierra madrileña.
En la zona de Las Vegas y La Alcarria, Villarejo de Salvanés propone un recorrido de aire medieval en torno a su Torre del Homenaje y a su museo, además de distintas rutas por el entorno, como la de Santa María a Los Villares. La identidad local se apoya también en productos como el vino y el aceite.
Colmenar de Oreja combina patrimonio urbano, tradición vinícola y actividad cultural. Su Plaza Mayor y el Museo Ulpiano Checa son dos de sus principales referencias, a las que se suma una oferta culinaria basada en productos locales y con denominación de origen.
Chinchón vuelve a reforzar su condición de clásico del turismo madrileño con su Plaza Mayor como gran reclamo y con una propuesta gastronómica muy reconocible. Entre sus platos más típicos figuran la sopa de ajo, las judías y los dulces conventuales, junto a uno de sus productos más conocidos, el anís.
Nuevo Baztán ofrece por su parte un viaje a la Ilustración a través de su conjunto arquitectónico barroco y de su Centro de Interpretación, que explica el origen y desarrollo de esta villa planificada en el siglo XVIII, uno de los ejemplos más singulares del urbanismo histórico en la región.
En la Sierra Oeste, San Martín de Valdeiglesias reúne patrimonio, vino y naturaleza con enclaves como el castillo de la Coracera, sus bodegas y el entorno del embalse de San Juan. Ya en la Sierra de Guadarrama, Manzanares El Real combina el peso monumental del Castillo de los Mendoza con el atractivo natural de La Pedriza, además de otros recursos como el yacimiento visigodo de El Rebollar.