Las importaciones de armamento han tenido un papel “significativo” en la escalada bélica en Oriente Próximo tras el ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán, según el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI).
En los últimos cinco años, el 26% de las transferencias internacionales de armamento pesado se han destinado a la región, principalmente a países del Golfo como Arabia Saudí, Qatar, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos.
Israel, por su parte, depende en gran medida del suministro exterior, sobre todo de Estados Unidos, que concentra el 68% de sus importaciones, seguido de Alemania (31%) e Italia (1,3%). De hecho, todos sus aviones de combate proceden de EE.UU., lo que ha sido clave en los ataques aéreos contra Irán y Líbano.
En contraste, Irán apenas importa armas y ha desarrollado una industria propia, especialmente en misiles y drones, tras años de embargo internacional. Esta autosuficiencia le ha permitido suministrar armamento a aliados como Hezbolá en Líbano y los hutíes en Yemen.
Estados Unidos lidera también las exportaciones a la región con el 54%, seguido de países europeos como Italia, Francia y Alemania. Rusia, que fue un proveedor relevante, ha reducido su presencia hasta apenas el 0,3% en los últimos años.
Según los expertos, estas armas han sido clave tanto para los ataques como para los sistemas de defensa, como los Patriot o THAAD utilizados por países del Golfo frente a misiles iraníes.
De cara al futuro, el conflicto podría aumentar aún más la demanda de armamento y provocar retrasos en entregas, además de impulsar especialmente la compra de sistemas de defensa aérea.